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Alfonso López Quintás

La libertad y las normas ¿se oponen siempre?

By BuenaNueva22 de marzo de 20161 comentario4 Mins de lectura
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La libertad y las normas ¿se oponen siempre? Se oponen en el nivel 1; en el nivel 2, el de la creatividad y el encuentro, se enriquecen mutuamente. Aquí se halla el secreto de nuestro crecimiento como personas. Comentaba, en un grupo, la dificultad que entraña precisar el concepto de libertad, y una joven me dijo con tono cordial: «No se preocupe, profesor; es muy sencillo. En la vida hay que escoger. Sabemos que la libertad y las normas se oponen siempre. Como yo prefiero la libertad, me quedo con ella y dejo las normas de lado». Yo le respondí con toda decisión: «Estoy de acuerdo con usted en parte, pero sólo en el nivel 1. En el nivel 2 sucede todo lo contrario: cuanto más obedientes somos a las normas, más libres nos sentimos, pero no con la libertad de maniobra propia del nivel 1, sino con la libertad creativa propia del nivel 2». «Ah, pero ¿hay que distinguir niveles? ‒preguntó la joven, vivamente interesada. ¿Qué significan exactamente?».

En vez de darle una definición de los niveles, la invité a descubrirlos conmigo, porque el mejor método de formación consiste en “enseñar descubriendo”. Figúrese –le dije‒ que tengo una tabla. Es un mero objeto, y soy libre para hacer con ella lo que quiera: conservarla, venderla, quemarla… Tengo absoluta libertad de maniobra, es decir, de manejarla a mi gusto. Puedo, por ejemplo, pintar en ella unos cuadraditos en blanco y negro, y convertirla, así, en tablero. He transformado la tabla. Ahora debo transformar mi actitud respecto a ella. Con el tablero en cuanto tal ‒es decir, en cuanto estoy jugando en él un determinado juego, por ejemplo el ajedrez‒ no debo actuar arbitrariamente; he de respetar las normas que dicta el reglamento sobre la manera de mover las fichas sobre el tablero. Mi actitud no ha de ser de dominio y manejo –como sucede con la tabla‒, sino de respeto y colaboración. Renuncio, con ello, a parte de mi libertad de maniobra, pero adquiero una forma superior de libertad, la libertad creativa. Si convenimos en que la tabla como objeto y mi actitud respecto a ella pertenecen al nivel 1, el tablero ‒como campo de juego‒, mi actitud de colaboración respetuosa con él y mi libertad creativa presentan una categoría superior; pertenecen al nivel 2.

Advirtamos que nadie me ha obligado a cambiar de actitud. He cambiado yo voluntariamente, pues, como persona, necesito crecer, y el juego es uno de nuestros primeros recursos para desarrollarnos.

De modo semejante a la tabla, un fajo de papel pautado es un mero objeto. Lo puedo comprar, vender, canjear, quemar… El papel y mi actitud respecto a él pertenecen al nivel 1. Si escribo en él una composición musical, convierto el fajo de papel en una partitura. La partitura es una realidad superior al papel, por tener la capacidad de revelarnos una obra musical. Pertenece a un plano más alto que el de los meros objetos. Está, por tanto, situada en el nivel 2. Con el papel puedo hacer lo que quiera, pero con la partitura no. Si quiero interpretarla, aunque haya sido escrita por mí, debo seguir sus instrucciones. Y, cuanto más fiel le sea, más libre me siento, pero con otro tipo de libertad, la libertad creativa. Pierdo en buena medida la libertad de hacer lo que quiera con ella, pero adquiero una forma de libertad más alta. Tener libertad creativa significa aquí interpretar la obra con soltura y destreza. Pero interpretar bien una obra no es repetirla; es crearla de nuevo y unirme a ella con un tipo de unión muy estrecha, una unión de intimidad.

Ahora vemos claramente que, en el nivel 2, la libertad y las normas no se oponen; se complementan y enriquecen. Comprender bien esto nos da una luz inmensa. Descubrimos que cuanto más importante es la realidad que deseamos tratar, más exigentes son las condiciones que nos pone y debemos cumplir. Interpretar bien la sonata “Aurora” de Beethoven o declamar un soneto de Shakespeare nos exige movilizar nuestra sensibilidad artística y nuestra capacidad técnica. Si aceptamos esta exigencia, nos veremos inspirados por la alta calidad de esas obras, con un género de inspiración que, como diría Platón, da alas a nuestro espíritu, es decir, lo dota de una insospechada libertad creativa.

Por fortuna, libertad y normas sólo se oponen al comienzo de nuestro proceso de desarrollo personal. A medida que crecemos, se complementan y perfeccionan gradualmente. Es el secreto de nuestro crecimiento.

                                      Alfonso López Quintás.

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