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Evangelio

Las bienaventuranzas, la puerta estrecha

By Alfredo Esteban Corral31 de octubre de 20183 comentarios4 Mins de lectura
Reflexion, evangelio, hoy
Comentario al evangelio de hoy Miercoles
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En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. 
Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» 
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»; y él os replicará: «No sé quiénes sois.» Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.» Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.» Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos» (San Lucas 13, 22-30).

COMENTARIO

Jesús caminaba a Jerusalén, enseñando. Ese era su objetivo: llegar a Jerusalén, cumplir la misión que le había encargado el Padre: redimir a la humanidad, generar esperanza en todas las generaciones. Dios ama a los hombres y quiere su salvación, que es gratis. Pero nos pide que también andemos nuestro propio camino, tengamos nuestro propio objetivo.

La salvación es universal y no sólo del pueblo judío o de los miembros de la Iglesia. Todos los pueblos están llamados a esa salvación, y unos lo harán directamente desde su pertenencia al Pueblo de Dios y otros por caminos que sólo Dios conoce. Quienes formamos parte de la Iglesia de un modo consciente y activo tenemos tal vez mayor responsabilidad, pues el Señor nos ha elegido para cumplir la misión de evangelizar. Por el bautismo somos sacerdotes, profetas y reyes y no podemos renunciar a ninguna de esas tareas. Y en este evangelio dice Jesús que tenemos que esforzarnos en pasar por la puerta estrecha.

Cuando le preguntan “Señor, ¿son pocos los que se salven? Él les dijo: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán…” Y Jesús se muestra radical: a quienes aducen que le conocen de siempre, que han escuchado sus enseñanzas, que han estado en la Iglesia, que dieron limosna…, les podrá contestar: «No sé de donde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad». Y recuerda que hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos. Dios no quiere nuestra indiferencia, nuestra tibieza; recordemos lo escrito en Apocalipsis 3,15-16: “No eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca”. Por eso los últimos serán los primeros, es decir, no por ser del pueblo escogido, por ser de iglesia de toda la vida y practicar tenemos más “méritos” que los demás, esos últimos o marginados: publicanos,  prostitutas, pecadores, en fin…

En el Sermón de la Montaña Jesús indica que la entrada en el Reino tiene una única puerta: las bienaventuranzas. Y hay varias vías, ocho accesos posibles para quienes practiquen alguna de esas bienaventuranzas: pobres de espíritu, mansos,  afligidos, hambrientos y sedientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, constructores da paz y perseguidos por causa de la justicia (Mt 5,3-10). Esta es la puerta estrecha, la nueva mirada sobre la salvación que Jesús nos comunica.

Pasar por esa puerta estrecha significa estar dispuesto a dejar nuestros bienes, fardos que pesan y nos impiden caminar; tener una actitud de humildad, que nos invite a la confianza en Dios y a que Él nos acompañe en nuestro caminar; y a estar dispuestos a realizar el camino en un pueblo, un pueblo compuesto por pecadores pero que se deja guiar por Cristo, el único Santo. Tarea imposible en nuestras fuerzas pero posible con el Señor. La oración, y la presencia de la Virgen María, serán nuestro alimento para poder cada día caminar desde la confianza, la sabiduría y la gratuidad.

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