Con gran sorpresa me he encontrado con que estudiantes universitarias consultan regularmente su horóscopo. Personalmente siempre me había parecido que hacía falta una fuerte dosis de ignorancia para creer en tales supersticiones, por lo que supuso un descubrimiento comprobar cómo buenas alumnas, de excelentes universidades, que manejan varios idiomas y han recorrido mundo, aceptan de forma acrítica los dictámenes, augurios y proyecciones de los horóscopos, llegando en ocasiones a la patología de tener que consultarlos, o la ansiedad por comprobar si efectivamente se han verificado las proyecciones de los mismos.
Conversando con una de ellas sobre la irracionalidad de tal proceder, me comentaba con sencillez: ”funciona”, “las previsiones suelen ser acertadas”, “una amiga los maneja muy bien y si le das tu signo zodiacal puede describir con detalle tu personalidad.” Se quedó pensativa, sin embargo, al preguntarle si había hecho el experimento al revés, es decir, si antes de revelar su signo zodiacal, en atención a sus características personales, era capaz de adivinarlo. La respuesta, obviamente, era que no. Es importante meter el “gusanito de la duda”, para fragmentar, poco a poco, esa forma de ingenua credibilidad. Con creciente sorpresa me fui dando cuenta de que se trataba de algo viral: muchas chicas lo consultaban, y algunas reconocían tener ya un vicio, otras en cambio decían que era mera curiosidad, un juego, pero recurrentemente volvían a ese juego, pues en realidad ya era parte de su vida.
Desafía la curiosidad el hecho de que tan burda forma de superstición hiciera mella en personas con un excelente desempeño académico, acostumbradas a tener un agudo espíritu crítico en general con todo y particularmente con la religión institucionalizada. Personas que no se consideraban ingenuas ni permitirían que “les tomaran el pelo”, que saben moverse con soltura en la selva urbana, pero que detrás de esa fachada de progreso, tecnología y mundo, esconden las más primitivas creencias.
El espíritu crítico generalizado y el estar prevenidos contra los engaños de vividores y chantajistas, son compatibles con manifestaciones primitivas de religiosidad, con la creencia en la magia y en poderes ocultos. Personas que se mueven a sus anchas en el mundo informático y tecnológico, con el último iphone del mercado y todas las redes sociales posibles, con una formación cientificista que les lleva a dudar, en teoría, de cualquier discurso espiritual, terminan por usar su horóscopo para decidir cotidianamente o para buscar una explicación de lo que sucede en su vida, ¿no resulta paradójico?
La pregunta es, ¿cuál puede ser la causa? Supongo que tiene una raíz profunda, antropológica o psicológica. El hombre necesita creer en algo o en alguien. Busca una seguridad más allá de lo que puede controlar. A pesar de todos los esfuerzos que la ciencia y la tecnología han realizado, con bastante éxito hay que decirlo, para tener el control total y la explicación pormenorizada de lo que sucede, ello, a muchas personas les resulta insuficiente. Adivinan que hay algo más, que quedan cabos sueltos, que el horizonte existencial no puede estar cerrado a la malla determinista de lo material.
Los millennials han crecido escuchando una y otra vez que la ciencia lo explica todo, o lo explicará en un futuro, o lo que no pueda explicar simplemente no tiene explicación. Han crecido desconfiando de la religión institucionalizada, a la que examinan críticamente, y en la que, en un alarde de agudeza, creen encontrar ocultas estrategias de manipulación y poder. Sin embargo, sucumben al horóscopo, es decir, a lo más primitivo e irracional. La férrea racionalidad impuesta desde afuera encuentra una válvula de escape en los horóscopos. El horizonte clausurado por decreto a lo estrictamente material, como única opción realista acorde con los descubrimientos científicos, subrepticiamente abre un espacio al ocultismo y la superstición. Ello nos indica, por de pronto, varias realidades: que la perspectiva exclusivamente materialista y supuestamente científica no da respuesta a todas las preguntas; que la persona busca seguridad más allá de lo que puede controlar o medir; que no nos resignamos a ser solo materia y la dimensión espiritual intrínseca a la persona pugna por manifestarse de alguna forma. Pero, ¿por qué los horóscopos? Pues por ser una forma de espiritualidad más light, sin compromisos y a la carta, justo como el mundo en el cual los millennials han crecido.
Mario Arroyo
Doctor en Filosofía
p.marioa@gmail.com
7 comentarios
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