La Asociación Española de Psiquiatría Privada (Asepp) ha advertido de un repunte de la tasa de suicidios en España desde los 10 casos por 100.000 habitantes que se registraban hace tres décadas hasta los 15 casos actuales, un aumento del 50% que se ha producido de forma progresiva, y que se ha agravado como consecuencia de los efectos de la crisis económica.
El presidente de la Asepp, Salvador Ros, ha recordado que España sigue alejada no obstante de las tasas de países eslavos o nórdicos -en Hungría la tasa es de 40 casos por 100.000-, y a pesar de que el suicidio tiene que ver con múltiples factores, ha subrayado que la crisis y sus consecuencias están actuando como un “factor precipitante” de esta situación.
La pérdida de las ideologías, la desestructuración de los grupos sociales, las crisis de identidad y el rechazo a la ancianidad son algunos de los motivos de este repunte, ha indicado Ros, lo que junto con un aumento de la desesperanza y los trastornos afectivos por consecuencia directa de la crisis hacen prever que, más allá del aumento de la patología psiquiátrica, se intuya un aumento “dramático” del número de suicidios.
Razonablemente cuando uno no puede contestar a la pregunta ¿para qué vives? siente un vacío profundo y experimenta una falta de sentido en todo lo que le rodea. Vivimos en una sociedad de individuos que se hipotecan hasta “las orejas” para alcanzar la felicidad prometida por los “sacerdotes” que nos guían (políticos, periodistas, famosos, etc.) y una vez que descubrimos que todo aquello que nos han ofrecido ya no solo no nos sacia sino que nos sumerge en un vacío profundo y llenos de deudas que difícilmente podemos pagar; la única salida para los más débiles es el suicidio.
Ante esta realidad triste y dolorosa, nuestros dirigentes no hacen un análisis del porqué hemos llegado a esta situación, sino que cada vez en más países la solución pasa por oficializar el suicidio a través de la famosa eutanasia.
Este es el hombre LIBRE TOTAL: Elige sexo, elige cómo vivir sin límites de ningún tipo (esto es una mentira como un “piano de cola”) y hasta elige cuando morir. EL HOMBRE HA SIDO LIBERADO. ¿Cómo que ha sido liberado? ¿De qué ha sido liberado? ¿No ha sido encerrado, más bien, en una vida rastrera, esclavo de sus apetencias animales? El hombre de hoy se suicida porque vive lleno de miedos a: la enfermedad, la vejez, al paro, la soledad, la pobreza… A todo aquello que no controla y de lo que no le han explicado su sentido.
Ante esto ¿Cómo responden los líderes de esta generación liberada de religiones, de complejos y de tabúes? Pues incrementando su inoperancia y falta de sabiduría: CON LA EUTANASIA. Es la guinda ¿No eres feliz? ¿No te satisfacen ni el sexo, ni tener un cuerpo como el que deseas en tus sueños a través de la cirugía estética? ¿No te realiza tu rol en la sociedad? Pues a morir; te lo facilitamos. Es tal el terror que el mundo de hoy tiene al sufrimiento que es capaz de cualquier cosa con tal de evitarlo.
Nadie escribe sobre esto porque estos “falsos profetas”, de los que hablaba antes, no tienen la solución a esta epidemia. LA IGLESIA SÍ. Por eso el Papa insiste en que salgamos y mostremos al mundo el poder de Jesucristo en nosotros. El sufrimiento pone al hombre en su sitio: Es un ser limitado, que necesita de los demás. El sufrimiento libera al hombre de su egoísmo; rompe el cerco que le aísla de los demás y le pone en disposición de recuperar al Dios que ha despreciado.
La Iglesia tiene una PALABRA que de nuevo SE ENCARNA para el hombre de hoy.
Lamentablemente la sociedad actual es capaz de creerse todo lo que profetizan los anuncios: que se pueden perder 30 kilos en dos semanas, tener los “michelines” de Swarzeneger con 20 años, hacerse rico desde casa haciendo no sé el qué y bla bla bla; pero cuando se trata de religión…
Jesucristo, hoy, (encarnado en las madres y padres de familias que negándose a sí mismos se abren a la vida aceptando los hijos que Dios quiera; en aquellos que desprecian su juventud y sus proyectos y se entregan a la vida monástica, de clausura, misionera, sacerdotal, etc; en los ancianos que reniegan del desprecio de esta sociedad que les ofrece la eutanasia al ser un gasto ineficiente y se dedican a atender ─por amor─ a sus nietos, a sus vecinos, a las necesidades de las parroquias; en los enfermos que viven su dolor aceptado y ofrecido por aquellos que son más débiles, etc) coge de nuevo los miedos de esta sociedad y los hace suyos y vuelve a subir a esa cruz a la que hoy nadie quiere subir porque no puede y los destruye resucitando. ¿Pero esto que significa? Pues que toda aquella gente que he comentado con anterioridad, que desprecia las reglas que hoy nos quieren imponer entrando en los miedos, frustraciones y vacíos que otros desprecian VIVE, ES FELIZ Y SE SIENTE PLENAMENTE REALIZADA. Esto es lo que debe conocer el mundo de hoy, que piensa que ser cristiano es darse golpes de pecho, poner cara de beato y rezar en el templo, mientras que luego en la vida de cada día no se diferencia mucho del resto de los mortales.
En fin estamos llamados a dar cuenta de nuestra Fe, como nos invita San Pedro y el Papa Francisco. ¿O quizá nuestra fe es pura teoría? No hay cosa más triste que un cristiano triste o desesperanzado. Cercana la fiesta de los Santos contemplemos sus vidas ya que éstas son el sostén de la Iglesia de todos los tiempos. Ellos ─a imitación de su maestro, Jesús─ nos han enseñado que la pobreza se cura “dando”. La soledad se evita “perdonando”. El miedo al fracaso tiene su fin al “decir siempre la verdad “El temor a no ser se disipa cuando “te das con generosidad a los demás.” Si durante tu vida has tenido victorias sobre estas “batallas”, cuando lleguen las temidas: “enfermedad, ancianidad y la muerte final” estarás preparado para –como San Francisco− llamarlas hermanas.
Ángel Pérez
