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Evangelio

“EL AMOR AL ENEMIGO”

By Pablo Morata18 de junio de 2024No hay comentarios7 Mins de lectura
Reflexion, evangelio, hoy, Martes
Comentario al evangelio de hoy Martes
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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (San Mateo 5, 43-48).

COMENTARIO

“Habéis oído que se dijo” …; “pero yo os digo:” …

En ciertos ambientes religiosos se quiere hacer ver como si el “dios” del Antiguo Testamento fuese algo distinto al “Dios” del Nuevo Testamento. Se tiene como la impresión de que Jesús deroga a un “dios” cruel, vengativo, justiciero y sanguinario para dejar paso a otro más comprensivo, benévolo y hasta políticamente correcto. El mismo Jesús nos dice unas líneas anteriores al texto de hoy: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.” (Mt 5, 17).

Solo hay un Dios. Y como dice San Juan es “Amor”. Toda manifestación de Dios es manifestación de su amor. Pero la revelación es progresiva. En el tiempo y en la relación humana. La “Ley del Talión” no es una ley vengativa, sino restrictiva. Invita a la proporcionalidad y no a dar rienda suelta a los más bajos instintos de rencor y de ira. Y lo de “aborrecerás a tu enemigo” debió ser la interpretación como consecuencia de la literalidad legalista porque no aparece en ninguna parte de las Escrituras. Lo cierto, y así lo estamos viendo en el actual conflicto entre judíos y palestinos, es que situándonos en la posición del espectador rápidamente nos percatamos que entrar en la espiral de la violencia solo genera más violencia. Queremos y deseamos la paz; que se acaben las guerras. Pero como espectadores… En todos los certámenes de Miss Universo también se escucha este deseo.

Pero, pasando al terreno de lo personal. Al menos mi experiencia, no sé la vuestra, es la misma de San Pablo: “En efecto, no entiendo mi comportamiento, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco; y si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con que la ley es buena. Ahora bien, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí.” (Rm. 7, 15-17). Tenemos la experiencia de que guardar rencor genera una angustia cual ingesta de veneno mientras que, al mismo tiempo, también nos percatamos de que el perdón tiene un efecto sanador tanto para quien perdona como para quien experimenta el perdón.

Me viene a la memoria el conmovedor testimonio de Pastora Mira, en el “Encuentro por la reconciliación nacional” celebrado en Villavicencio (Colombia) en 2017, la cual había perdido a su marido y dos hijos asesinados a manos de los paramilitares; cómo emocionó al propio papa Francisco al contar su historia de cuando siendo niña perdió a su padre, también asesinado y acabó cuidando a su asesino al encontrarlo anciano y abandonado.

Tampoco olvido la apasionante carta de petición de perdón a sus víctimas del que fuera dirigente de ETA “Txelis”, al que conocí personalmente en la prisión, y que vivió un proceso de conversión gracias al contacto con el capellán de una cárcel francesa. Doy fe de su sinceridad.

Seguro que esto escandaliza a más de uno. Pero es que el amor es escandaloso. Dios no es vengativo, como puede parecer su imagen en el Antiguo Testamento. Pero tampoco es “buenista” como, a veces, quieren hacernos ver en versión edulcorada, casi panoli y simplona de Jesucristo. Dios es amor y el amor es escandaloso. Los que iban a apedrear a la mujer adúltera, seguramente se escandalizarían de que Jesús no la condenase pero, porque también amaba a los que estaban piedra en mano, hizo con ellos otro gesto de amor aún mayor: ponerlos en la verdad de que, ley en mano, su propia piedra les caería encima.

Como decía, el perdón tiene su lógica y hasta en psicología se puede estudiar su efecto sanador. Pero el evangelio no nos pide solo perdonar. Da un paso más y ¡qué paso!: ¡¡AMAR!!

Pero ¿Se puede mandar ¡¡AMAR!! a quién te hace o te está haciendo un mal? Si amar, con un amor sin egoísmo, oblativo, desinteresado, a los seres más cercanos, más queridos; ya es difícil: ¿Amar al enemigo? ¡¡Imposible!!

Se puede pedir ser educado, tolerante, no tomarse la justicia por la mano, incluso ser indiferente por aquello de que “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio.” Gandhi llegó a la “no violencia” como respuesta al mal, pero ¿¡¡Amar!!? Eso no es humano. Lo que nos pide el Señor va más allá de nuestros sentimientos naturales.

Llevo casi 30 años en la pastoral penitenciaria. Si hoy, 30 años después, me preguntasen en qué consiste esta misión evangelizadora respondería que es la expresión concreta por parte de la Iglesia del “Amor al enemigo”: Al mercenario que ha hecho de la vida una mercancía, Dios le ama. Al traficante de drogas que no le importa destruir una generación entera de jóvenes, Dios le ama. Al violador que destruye física y psicológicamente la vida de una menor, Dios le ama. Al atracador insensible que agrede y arrastra por el suelo al anciano que está en el cajero automático para robarle la escasa pensión con la que sobrevivir este mes, Dios le ama. Y esto es inhumano. ¡Escandaloso!

¡Bueno! no inhumano, sino sobrehumano. El amor al enemigo no es fruto de la ascesis personal ni del esfuerzo, porque el amor nunca es fruto del esfuerzo sino de Dios. Es la esencia de Dios. Dios no puede mandar nada que Él no sea. Dios ama a los que no aman. Dios ama a sus enemigos.

Quizás sea mi presencia estos años en la cárcel lo que me vaya haciendo descubrir esto. Lo digo porque todavía creo que estoy en proceso. Todavía me salen prejuicios y el Amor de Dios nunca se podrá entender del todo. La cárcel me está enseñando a ver al otro como Dios nos ve. Poner rostro, mirar a los ojos, conocer la historia. Con razón se interroga el papa Francisco cada vez que visita un penal: “¿Por qué ellos y no yo?” Cuando conoces cara a cara, la percepción del otro cambia. Recuerdo en una “jornada de familias”, en la que entraban los hijos de algunos presos a celebrar la “fiesta de reyes”, en que uno de los tres magos era un recluso siempre considerado “conflictivo” y que ahora estaba atravesando un proceso de progresión muy positivo. Pues bien, cuando tenía que salir a dar los regalos a los niños, se sienta y se pone a llorar como una Magdalena. Al preguntarle qué le pasaba responde en un arrebato de emoción: “¡Es la primera cosa buena que voy a hacer en mi vida”!

Dios no ama a los sicarios, pero sí a “fulano” que es o ha sido sicario. Dios no ama a los violadores, pero sí a “zutano” que ha hecho ese acto absolutamente execrable a los ojos de Dios y de los hombres. Por eso el “amor al enemigo” se expresa también con el amor a las víctimas que el pecado, lo único que de verdad ha de ser odiado, ha ido dejando tiradas por el camino. Es el “buen samaritano” que socorre al hombre herido. Ya decía San Agustín, y lo sabía por experiencia: “Odia el pecado y ama al pecador”.

Termino con la noticia acaecida en Verona el último 18 de mayo: “Papa en Verona: Emotivo abrazo entre un israelí y un palestino”. «Papa Francisco, me llamo Maoz Inon, soy de Israel y mis padres fueron asesinados por Hamás… Papa Francisco, me llamo Aziz Sarah, soy de Palestina y en esta guerra, los soldados israelíes me arrancaron a mi hermano», dijeron. Nuestro dolor, nuestro sufrimiento nos ha unido para crear un futuro mejor».

 

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