El director, guionista y productor madrileño Juan Manuel Cotelo prosigue su trayectoria documental con una película que recoge testimonios conmovedores, en esta ocasión en torno a experiencias sobrecogedoras de perdón. Al igual que en cintas anteriores –Tierra de María–, combina los testimonios reales con la ficción –cómica en este caso–, la cual sirve de sutura entre una historia y la siguiente. También encontramos en el caso de algún testimonio –como en el de Tim Guénard–recreaciones de ciertos episodios biográficos de los entrevistados de los que no existe documento audiovisual.
La película ofrece casos muy diferentes en los que se pone de manifiesto el carácter sobrenatural del perdón. El primer testimonio es el del francés Tim Guénard, un hombre que, tras la infancia más desgraciada que uno puede imaginar, decidió buscar a su padre para matarle. Le siguen ejemplos variopintos: Irene Villa, víctima de ETA; Shane O’Doherty, terrorista del IRA y jefe de explosivos de la banda; un guerrillero de las FARC; dos miembros de los grupos de autodefensas paramilitares colombianas; un matrimonio mexicano, o varios ruandeses de etnias enfrentadas por la guerra civil entre hutus y tutsis. Cada uno de ellos tiene alguien a quien perdonar, o alguien a quien pedir perdón. Y en todos los casos, ese perdón supera la capacidad del corazón humano, dada la gravedad del agravio. Es por esto que el narrador del documental –el propio Cotelo– señale en un momento determinado que en todos los testimonios aparecen tres personajes: el agresor, la víctima… y Dios. Porque, aunque la película es sobre el perdón, en realidad lo es también sobre la Gracia y sobre la oración. Los distintos protagonistas dan un giro en su vida gracias a un encuentro providencial, o la oración insistente y suplicante, o a una conciencia tocada por la gracia en un determinado momento.
La factura técnica es impecable, tanto fotográficamente como en cuanto al sonido y la calidad del montaje. La ficción cómica, que es la parodia de un spaghetti western, y que casi plantea más problemas de producción y realización que las propias entrevistas, es la más arriesgada, ya que hace gala de un sentido del humor que podrá contar o no con la complicidad del espectador. No hay nada más subjetivo que el sentido del humor.
Esta película ha sido financiada gracias al método del crowdfounding, en el que han participado 1.300 personas, cuyas aportaciones ascienden a más de 120.000 euros, y la fórmula de comercialización es la misma que ya utilizó el director y productor Juan Manuel Cotelo en otras ocasiones: el estreno en salas bajo demanda, que se realiza a través de su página web. Con esta película Cotelo firma su cuarto largometraje documental –La última cima (2008), Tierra de María (2013) y Footprints (2016)–, sin olvidarnos de su ópera prima de ficción, El sudor de los ruiseñores (1998), una de sus obras más logradas, y de la serie documental Te puede pasar a ti.
Juan Orellana

7 comentarios
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