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Evangelio

“DÍAS DE EPIFANÍA”

By Pablo Morata8 de enero de 2025No hay comentarios6 Mins de lectura
Reflexion, evangelio, hoy
Comentario al evangelio de hoy Miercoles
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En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».

Él les replicó: «Dadles vosotros de comer».

Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»

Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver». Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces».

Él les mandó que la gente se recostará sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.

Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.

Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces.

Los que comieron eran cinco mil hombres (San Marcos6, 34-44).

COMENTARIO

“Al multiplicar los panes Jesús se manifiesta como profeta.” Así presenta el epígrafe que, en el leccionario litúrgico, precede al texto evangélico correspondiente al día de hoy.

Aunque llamemos propiamente día de la “Epifanía” (manifestación) a la festividad de Reyes, en la que Jesús se manifiesta a los gentiles, a los paganos; desde la celebración de la Natividad, la manifestación del Eterno en la humildad de nuestra carne; hasta la celebración, el próximo domingo, del Bautismo de Jesús donde se manifiesta como “Hijo de Dios” es un continuo “manifestódromo” (Así llamaban irónicamente a las principales arterias de la ciudad de Madrid, cuando había manifestaciones continuas a diario que provocaban el caos en todo el centro urbano).

Quizás sería bueno pararnos a comparar unas y otras manifestaciones: A diferencia de las manifestaciones humanas, que a menudo buscan reivindicar derechos o intereses particulares, probablemente muy legítimos y justos; las manifestaciones de Dios se caracterizan por la generosidad y la gratuidad. No son para pedir, sino para dar y dar en abundancia.

Algunos comentaristas ven en el texto de hoy a Jesús que se manifiesta como el “nuevo Moisés”, que sacia a su pueblo en el desierto. Yo veo más el gesto profético de compadecerse de la gente “porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles”. Jesús no solo siente lástima, sino que se pone a enseñarles. Esta acción lo identifica como un verdadero profeta, alguien llamado por Dios para anunciar su palabra y llevar consuelo a los afligidos.

Jesús se manifiesta como profeta cumpliendo lo anunciado por Ezequiel: “¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!… Os coméis las partes mejores, os vestís con su lana; matáis las más gordas, pero no apacentáis el rebaño. No habéis robustecido a las débiles, ni curado a la enferma, ni vendado a la herida; no habéis recogido a la descarriada, ni buscado a la que se había perdido, sino que con fuerza y violencia las habéis dominado. Sin pastor, se dispersaron para ser devoradas por las fieras del campo… Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: ¡por mi vida! —oráculo del Señor Dios—; porque mi rebaño ha sido expuesto al pillaje, y a ser devorado por las fieras del campo por falta de pastor; porque mis pastores no cuidaron mi rebaño, y se apacentaron a sí mismos, pero no apacentaron mi rebaño… esto dice el Señor Dios: «Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré. Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré, sacándolo de los lugares por donde se había dispersado un día de oscuros nubarrones. (Cf. Ez. 34, 2-12)

Como todos los profetas, Jesús se manifiesta con palabras (se puso a enseñarles) y con signos (la multiplicación de los panes y los peces). Pero los signos no siempre se entienden bien. En el paralelo de Juan, Jesús rechaza explícitamente la intención de querer hacerlo rey (en las manifestaciones humanas, se termina apoyando al que te llena el estómago… o el bolsillo).

Los signos suelen descubrirse en los detalles y me gustaría detenerme en algunos: “Les mandó que la gente se recostará sobre la hierba verde”: (El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar…, y repara mis fuerzas… Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo… Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos… (Salmo 23)

“Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.” Jesús toma de la mano un «rebaño sin pastor» una masa informe que inspira piedad. Esta multitud ha pasado a ser ahora «un pueblo ordenado», un grupo organizado, una comunidad: El “Buen Pastor” no tiene un rebaño anónimo, sino que conoce a sus ovejas por su nombre y ellas le siguen. Marcos de modo manifiesto insiste sobre esta organización de la comunidad. Esta es hoy todavía una de las tareas importantes de la Iglesia: Pasar de una masa desconocida a una comunidad con rostro.

Por otro lado, también hay que fijarse en la misión que Jesús da la los apóstoles: «Dadles vosotros de comer». Los apóstoles plantean a Jesús la necesidad de despachar a la muchedumbre. Pero Jesús no acepta que sus discípulos se desentiendan del problema, y les propone que ellos mismos den de comer a la gente. La alternativa de los discípulos es que para eso necesitarían mucho dinero. (200 denarios equivaldrían a doscientos jornales, calculando hoy a unos 50 € el jornal, estaríamos hablando de unos 10.000 € ¡una pasta!). En cambio, lo que Jesús quiere enseñarles es que no todo problema debe ser resulto con dinero. Su pregunta no es económica: «¿cuánto tienen?», sino de actitud: «¿qué tienen?». Los discípulos sacan lo que tienen y, a partir de ello, se realiza el milagro.

La Eucaristía es exactamente esto: Escuchar la Palabra; poner lo que tengo y lo que soy en la mesa común que Jesús ha preparado frente a los enemigos que hacen cálculos por mí y me conducen hacia actitudes más exigentes que generosas; haciendo comunión con los hermanos que estén a mi lado, sin distinción. Y guardando lo que sobre, porque también hay momentos de vacío en los que es necesario acudir a la despensa de la gracia. Por eso la Eucaristía será siempre una multiplicación de los panes.

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