En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita» (San Lucas 19, 41-44).
COMENTARIO
Buenos días, hermanos en Cristo. En el Evangelio de hoy podemos ver lo siguiente: El Señor Jesucristo camina hacia Jerusalén y cuando la ve llora. El motivo de su pena es que Jerusalén es incapaz de ver lo que conduce a la paz. La consecuencia de ello es que los enemigos vendrán y la arrasarán.
Ahora pensemos en nosotros mismos. ¿Somos capaces de ver lo que conduce a la paz? En caso contrario, ¿seremos arrasados por nuestro enemigo el demonio?
Y nuestra sociedad actual, ¿es capaz de ver lo que conduce a la paz?
Parece que no. Santa Teresa de Calcuta nos dijo que la mayor amenaza para la paz es el aborto. Si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué argumentos podemos utilizar para evitar que nos matemos unos a otros?
Cuando a lo largo de su historia el pueblo de Israel daba la espalda al Señor, venían las desgracias, ataques de los enemigos, cautiverios.
En este momento, como sociedad, hemos dado la espalda al Señor. ¿Qué podemos esperar?
En el pasado, se ofrecían sacrificios humanos a los ídolos. ¿Qué ocurre hoy en día? El aborto, la eutanasia, ¿no son sacrificios humanos a los nuevos ídolos, el placer, la comodidad, nuestros planes de vida ajenos al Señor?
Nuestra sociedad occidental está en una clara decadencia. Desde otras zonas del mundo se nos mira con malos ojos debido a nuestros «valores». No queda más salida que convertirnos, ser santos y llevar el Evangelio a todas las gentes como nos pidió el Señor Jesucristo.
Una vez más, os invito a meditar las enseñanzas de este Evangelio. Unidos en la oración.
