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Evangelio

Aceptar la historia del amor de Dios

By Alfredo Esteban Corral4 de noviembre de 20204 comentarios4 Mins de lectura
Reflexion, evangelio, hoy
Comentario al evangelio de hoy Miercoles
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En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío» (San Lucas 14, 25-33).

COMENTARIO

Son muchos los que siguen a Jesús porque les gustan sus palabras o han visto algunos de los milagros que ha realizado. Pero Jesús, que conoce a la gente, se vuelve a ellos para indicarles la verdad de lo que significa seguirle a él. Dos aclaraciones son necesarias: Cristo es la verdad absoluta, por ello seguirle a él tiene preeminencia sobre cualquier otra realidad por muy íntima y necesaria que sea: primero sobre la familia: por ello, el odiar al padre y a la madre, a la mujer y a los hijos, a hermanos y hermanas e incluso a sí mismo, es condición indispensable, pues el apegarse a esta realidad y dejar por ello a Cristo, es dejarla verdad por los afectos y entonces sí que supondría el odiar a la propia familia al privarla de aquel que es la Verdad y la Vida y condenarla a la mediocridad y al sinsentido de una existencia al margen de la única realidad: Dios y su Palabra, Jesucristo.

La segunda aclaración no es menos exigente: cargar con la cruz y entrar en la historia concreta que Dios da a cada uno, como se la dio a Jesús. Esta historia puede ser más o menos agradable a nuestros ojos, pero es toda ella una historia de amor de Dios para con nosotros y para con la humanidad. Cada uno tenemos confiada desde toda la eternidad una tarea, un camino por el que nos conduce Dios hacia un destino de gloria. En la presente situación de un mundo sometido al poder del pecado, este camino está lleno de dificultades, estorbos y hasta persecuciones, como el de Cristo. Pero el Señor nos invita a no desmayar, a entrar en la cruz y en los acontecimientos de cada día, porque todo es gracia y el final aunque pasa necesariamente por la cruz es la victoria total, la resurrección y la vida eterna. Los dolores y sufrimientos de esta vida, lejos de lamentarnos por ellos, hemos de considerarlos como oportunidades que nos concede Dios para nuestra santificación y para la salvación de otros; la misma muerte lejos de atemorizarnos, deberíamos de esperarla con serenidad y hasta con alegría, pues a través de ella se nos da lo más grande: la contemplación del rostro de Dios y la comunión con Cristo, lo cual al decir de san Pablo, es con mucho lo mejor.

Finalmente, el evangelio nos invita a calcular, por medio de dos parábolas, nuestra disponibilidad para seguir a Jesús con todas las consecuencias; consecuencias que Jesús mismo expuso a aquellos dos de sus discípulos que querían compartir su gloria: “¿podéis beber el cáliz que yo he de beber?” Pues bien, beber de este cáliz lo tenemos asegurado, si queremos seguirle a él. Pero para poder hacerlo es necesario estar libre de equipaje. No se puede seguir a Cristo cargados con todos nuestros bienes: deseos, objetivos, voluntades, posesiones de todo tipo, pues no podríamos dar con todo ello más de dos pasos. Para ser discípulo, una cosa es necesaria: “Vete, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme”. Es necesario vaciarse del todo, pero no para quedar despojados, sino para poder ser llenados de todo y todo es Cristo.

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4 comentarios

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