Los apósteles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: “Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a solas a un lugar desierto. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas (San Marcos 6,30-34).
COMENTARIO
La buena noticia de hoy nos pone delante el mejor alimento, Jesús después de escuchar a los apóstoles les invita a retirarse a un lugar tranquilo para descansar un poco, porque estaban cansados, se fueron a solas en la barca y se encontraron en la otra orilla con la multitud que les había tomado la delantera. Cambio de planes, queremos descansar y nos encontramos con los que necesitan de nuestra ayuda. Jesús se pone a enseñarles muchas cosas, este es el primer alimento, la Palabra nos alimenta, nos enseña, nos corrige, nos comunica, nos permite compartir lo bello y lo bueno. La presencia de Jesús es otro alimento, no estamos solos, por mucho que lo parezca.
¿Por qué decimos que la presencia de Jesús es un alimento? La presencia de Jesús en la vida del ser humano es un alimento por muchas y variadas razones, aquí vamos a dar unas pinceladas:
“Tomad y comed, este es mi cuerpo” y “tomad y bebed esta es mi sangre”. La Eucaristía es el alimento por excelencia y con este alimento tenemos la posibilidad de cambiar nuestra naturaleza humana en divina, nuestros actos cambiarán de lo bueno a lo mejor. Dirá San Pablo: “No soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Gál 2,20).
Si esto es así nuestro alimento no estaría apoyado solo en nuestra humanidad, donde impera el límite, lo caduco, el cansancio, el aburrimiento, la comodidad, la envidia, la soberbia, el egoísmo, la ira, la avaricia, la gula… Nuestro alimento sería hacer la voluntad de Dios: Amad a vuestros enemigos (Mat 5,44); haced el bien a los que os odian (Lc 6,27); amaos unos a otros como yo os he amado (Jn 13,34). Aparece el futuro, lo que no tiene límites, la vida eterna.
Este alimento necesita ser escuchado, creído, compartido y vivido para que pueda cambiar nuestra naturaleza y podamos ver y experimentar una nueva tierra y unos nuevos cielos donde pueda triunfar o vencer la justicia y pueda abundar la paz. Nuestros antepasados bien sabían que de lo que se alimentaban era de donde les venía la fuerza. Y les daba la vida.

2 comentarios
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