En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!» (San Mateo 7, 7-11).
COMENTARIO
“Una menor de 12 años ha sido brutalmente agredida por una compañera a la salida de su centro escolar en el barrio de San Blas (Barrio de Madrid). La pelea fue grabada y publicada por otros jóvenes en las redes sociales…”
“Un menor agrede con un arma blanca a tres profesores y dos alumnos de su instituto en Jerez de la Frontera (Cádiz)” …
“Un menor se quita la vida con una escopeta en Madrid y deja un mensaje en sus redes: »Todo lo que he hecho en mi vida ha sido ser una desgracia»…
Estos titulares y algunos más solo en la última semana.
¿Podemos pasar de soslayo este panorama sin preguntarnos qué estamos ofreciendo a nuestros niños, adolescentes y jóvenes?
Hace tiempo, me contaron una historia. No sé si será cierta al cien por cien pero, desde luego, es muy verosímil y muy elocuente en sí misma: Me contaban que una chica adolescente interpeló a su padre, al que casi no veía, que por qué viajaba tanto. Para poder ganar mucho dinero, respondió el padre. La hija replicó que para qué quería ganar tanto dinero a lo que el padre contestó con semblante de satisfacción: “Para que tú puedas tener y disfrutar de todo lo mejor”. Insistió la muchacha en seguir averiguando: “¿y tanto dinero ganas?”. “La verdad es que sí, contestó asertivamente el padre. Puedo ganar fácilmente más de cien euros por cada hora de trabajo.” –“Y tú me darías 100 € si yo te los pido?” -“Sin ningún problema, dijo el padre al mismo tiempo que sacaba de su cartera dos billetes de 50 y se los daba a la joven orgulloso de su generosidad. Con la misma firmeza actuó la joven devolviendo el dinero a su padre al tiempo que decía con tono suplicante: -“Toma, te compro una hora de tu trabajo para que estés aquí, conmigo”.
“Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente?” Pero hoy casi hay que hacer la pregunta al revés: Si a alguno de vosotros su hijo le pide un cuchillo o una pistola, ¿se la daría? Es más, si cuando tu hijo te pide tu persona, tu cercanía, tu estar… ¿por qué le das un móvil?
Nuestro Padre del cielo siempre da cosas buenas a sus hijos. Por eso no siempre recibimos lo que pedimos.
