«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.
Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.
Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.
Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no le escucharon.
Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto.
El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia (San Juan 10, 1-10).
COMENTARIO
Hay un plan de salvación para nosotros de parte de Dios. Un plan desde la creación del primer hombre, con el que Dios tenia una relación de amistad, de intimidad, de pasear juntos a la hora de la brisa.
Esa relación la perdimos con el pecado y desde entonces todos los hombres anhelamos esa relación, aunque no seamos conscientes de ello, o la busquemos en otras cosas.
Dios se manifestó a un pueblo y le dio, temporalmente, un lugar donde encontrarle: un templo.
Isaías pide a Dios que rasgue los cielos y descienda El mismo, que asuma la dirección del rebaño y le haga franquear las puertas (Is 63,19).
Jesucristo nos muestra el verdadero templo para encontrarle. ¿Cuál es la puerta por la que debo entrar hoy para relacionarme con Dios? ¿Qué significa entrar por Jesus?
Esa puerta es la aceptación de mi historia, confiar en Dios, como nos enseña Jesus, y para entrar por ella, necesitamos pedir a Jesus su Espíritu Santo, porque solo El nos lo puede dar.
