En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus juramentos al Señor».
Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de ya Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno» (San Mateo 5, 33-37).
COMENTARIO
A lo largo de todo este capítulo se respira la expectación mesiánica en la que se atribuye certeramente al Señor la función de interpretación definitiva de la Ley. En los versículos anteriores se evoca el paralelismo entre Moisés y Jesús. Se explica cual es el verdadero valor de la Ley que Dios había dado al pueblo hebreo a través de Moisés y que Jesucristo la perfecciona, con autoridad divina; teniendo así la interpretación definitiva. Jesús añade a lo que “fue dicho” (por Dios), lo que Él hora establece. Es muy importante ver que no anula los preceptos de la Antigua Ley, sino que los interioriza, los lleva a su perfección en su contenido, proponiendo lo que ya estaba implícito en ellos, y que los hombres no lo habían entendido en su profundidad y amplitud. Justo en el v.48, se resume toda la enseñanza del capítulo. En definitiva Jesús lleva la Ley a su plenitud proponiendo la imitación de la perfección de nuestro Padre Dios que está en el Cielo; es decir, nuestra esperanza y nuestra alegría es tender a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor. En este sentido, el Concilio Vaticano II en el n. 40 nos dice que además esta santidad favorece, también en la sociedad terrena, un estilo de vida más humano. Quizás no tanto de mi explicación sino de Evangelio que comento, debe quedarnos en el corazón la suerte y la importancia de contar con los medios sobrenaturales para ser sencillos en la vida, aprendiendo del Señor, dejándonos ayudar por Él: que nuestro sí sea sí, que nuestro no sea no, sin telarañas que enreden lo que vale la pena vivir.
