Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, le dice a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?».
Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos».
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Él le dice: «Pastorea mis ovejas».
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme» (San Juan 21, 15-19).
COMENTARIO
Buenos días, hermanos en Cristo: En el Evangelio de hoy podemos ver lo siguiente: El Señor Jesucristo es seguido por grandes multitudes que habían comido hasta saciarse gracias al milagro de los cinco panes y los dos peces. A pesar de ello, lo ponen a prueba. Preguntan qué signos hace para poder creer en Él.
Ponen como ejemplo el «pan del cielo», el maná que sus antepasados comieron en el desierto.
Nosotros podemos tener un comportamiento similar. Podemos pensar que el Señor no responde a nuestras oraciones. Podemos pensar que no soluciona las injusticias y catástrofes que se producen a nuestro alrededor.
Podemos preguntar ¿por qué no responde?, ¿por qué no soluciona los problemas del mundo?, ¿acaso no existe?, ¿no tiene poder para resolverlo o lo tiene, pero se desentiende de nosotros?
El Señor Jesucristo les aclara que no fue Moisés el que dio a sus padres pan del cielo, sino que es el Padre quien lo da. Además, es un pan que da vida al mundo.
Al oír esto, pidieron a Jesús que les diera ese pan.
El Señor responde, «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
Como se verá en versículos posteriores, no aceptaron esta respuesta y muchos dejaron de seguir a Jesús
Tenemos que ver si nosotros la aceptamos. Puede ser que queramos soluciones para temas materiales, pero no veamos el valor del pan de vida eterna que sólo Jesús nos puede dar.
Una vez más, os invito a meditar este Evangelio.
Feliz y Santa Cincuentena Pascual.
Unidos en la oración.
