• Publicaciones
  • Evangelio del dia
  • Noticias
    • España
    • Ciencia y fe
    • Ecclesia
    • Mundo
  • Publicaciones
  • Evangelio del dia
  • Noticias
    • España
    • Ciencia y fe
    • Ecclesia
    • Mundo
Home»Blogs»Evangelio»La sinceridad de Jesucristo
Evangelio

La sinceridad de Jesucristo

By Francisco Jiménez Ambel19 de febrero de 2026No hay comentarios5 Mins de lectura
Compartir
Facebook Twitter WhatsApp Email

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día”, Entonces decía a todos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?” (San Lucas 9, 22-25).

COMENTARIO

En este fragmento de Lucas encontramos dos destinatarios. Jesús habla a sus discípulos, pero luego pasa a dirigirse “a todos”.

A los discípulos les dice sin tapujos lo que le espera. Seguro que escucharon, pero no entendieron. En el sentido de que aquello que no puede ser rel… ni se escucha. Si nos hemos hecho discípulos de Jesús porque hemos contemplado sus prodigios y milagros, barruntando que en verdad sea el Mesías Salvador, y lo acompañamos esperando algún beneficio; porque en su reino habrá muchos cargos y privilegios a repartir (aunque ya se hayan postulado dos para sentarse a su izquierda y a su derecha), estamos completamente equivocados. A nuestra codicia y ambición Jesús opone su sinceridad. Él dice, con toda claridad, lo que le va suceder, precisamente por ser el Hijo del Hombre.

Puede ser que algunos entendieran algo, referente al enfrentamiento con las autoridades religiosas (ancianos, sumos sacerdotes y escribas), porque algún contraste sí habían comprobado pero, con toda probabilidad, lo de su “ejecución” no la comprendieron; y lo de resucitar al tercer día menos aún, ni siquiera lo oyeron. Lo que no puede ser no puede ser, y seguramente – solemos pensar – no he escuchado bien lo que se ha dicho. Esto nos ocurre cotidianamente; lo que oímos sólo lo escuchamos si enlaza con las palabras o ideas que ya están en nuestra cabeza. Todo lo reconducimos a nuestros esquemas.

Nada tiene pues de extraño que el evangelista no recoja ninguna reacción a las impactantes revelaciones de Jesús; señal de que no las habían asimilado, ni siquiera entendido.

Pero Jesús, que es la Verdad, sólo puede decir la verdad, y Él la conoce, por eso la anuncia con total claridad. Sus palabras son sinceras y desvelan sin medias tintas lo que le va a ocurrir. Quizás algún estudioso supiera lo previsto para el Hijo del Hombre en las Escrituras, por eso se identifica como tal Hijo del Hombre, conozcan o no las profecías, Él se presenta como Hijo del Hombre. Y dice la verdad, en Él no hay engaño, lo cual comporta el doloroso ejercicio de “desengañar” a los que se han formado una idea errada de Él y de su misión. Decir la verdad no es un mero ejercicio de comunicación, sino de persuasión hasta cerciorarse de que el auditorio ha comprendido bien y cabalmente la verdad expuesta con sinceridad. Bueno es, claro está, reconocerle “autoridad”, contrapuesta a los vacuos y acomodaticios escribas. Pero no basta; es menester escuchar y asumir el asombroso anuncio de su resurrección.

A “todos”, es decir a los discípulos y a los que no lo eran, les anuncia en esencia lo mismo: la salvación.

Hay ciertamente una depuración de la voluntad del discípulo, que se traduce a seguirlo a Él, pero ello comporta -! corazón indiviso ¡- negarse a sí mismo y cargar la cruz de cada día. No deja de ser desconcertante que Jesús utilice la palabra “cruz” como las dificultades y problemas de la vida (y no como instrumento de suplicio mortal, aquí), pero el sentido es claro: seguirlo desde la realidad de cada cual. Lo aclara con las dos máximas siguientes, que han marcado la biografía de muchos santos, y, de toda la Humanidad.

El que pierda su vida por mí, se salvará. Importa subrayar el “por mí”, ya que en la práctica todos perdemos la vida, mayormente buscando cosas fútiles, cazando aire, procrastinando la felicidad, destrozando nuestra vida y la de los que nos rodean. Pero aquí se nos invita a una oblación personal casualizada en Él. Hacer su voluntad, en definitiva.

La segunda máxima, formulada como pregunta, sólo merece el asentimiento pleno. De nada sirve ganar “el mundo” si uno mismo “se pierde”. Jesús habla con sinceridad, aunque la verdad incomode, o, como al joven rico, haga desistir de su seguimiento. Por eso hay que prestar atención a los desenlaces; Él será perseguido, repudiado y ajusticiado, pero resucitará, y el que pierda su vida por Jesucristo, se salvará. No habrá desperdiciado su vida. Apoyarse en Él es lo único seguro, la roca firme, la que elimina la angustia, el desasosiego, la frustración, la incertidumbre y la duda: la vacilación (Is 20,16). No hay otra alternativa, sólo Él salva, con su resurrección se acredita “kyrios”, Hijo de Dios.

Compartir. Facebook Twitter Email WhatsApp

Publicaciones relacionadas

“Tu Padre, que ve en lo secreto …”

19 de febrero de 20264 Mins de lectura

¿Tenéis el corazón embotado?

17 de febrero de 20261 Min de lectura

Le piden un signo

16 de febrero de 20262 Mins de lectura

Comments are closed.

Últimos artículos

Entrevista a Juan Pablo y Andrea

15 de enero de 2019

Buenos propósitos digitales: ¡Estos son los secretos de la dieta 5:2!

7 de mayo de 2018

La muerte cristiana VII

13 de julio de 2015

Aborto, ni se ve ni se nota

13 de julio de 2015
Lo más comentado
  • Arthurjor en Estaurograma
  • Kode Binance en 10 grandes aportaciones espirituales de Santa Teresa de Jesús a la Iglesia y al camino de santidad
  • PassLeakzek en Unión INDISOLUBLE del varón y la mujer
  • BrettJap en ​Aferrados a la letra – Misa en Santa Marta
No te lo pierdas

De María nunquam satis

By BuenaNueva5 de junio de 2012

No me resisto, al redactar estas breves líneas, traer aquí unas palabras del entonces Cardenal…

¡Eres hermoso! – El arte como experiencia religiosa

13 de junio de 2012

La Incredulidad de Santo Tomás

11 de junio de 2012

Difuntos, cenizas y prohibiciones: ¿qué dice la Iglesia?

4 de noviembre de 2016

La Asociación Canónica Bendita María, editora de la la revista Buenanueva es una asociación sin ánimo de lucro. No esta vinculada a ningún grupo, ni movimiento de la Iglesia ni a ninguna otra institución, por lo tanto no tiene más ingresos que los derivados de las suscripciones personales y la aportaciones que graciosamente nos hacen. 

Todas las personas que colaboraran en ella lo hace gratuitamente con la única finalidad de anunciar el Evangelio y el Reino de Dios a través de este medio.

Boletín de noticias

Teclee arriba y presione Enter para buscar. Presione Esc para cancelar.