En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: “Bienaventurado el vientre que te llevo y los pechos que te criaron”. Pero Él dijo: “Mejor bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” San Lucas 11, 27-28).
COMENTARIO
El saludo que surge de alguien que levanta la voz entre la muchedumbre que escuchaba a Jesús, es una referencia muy precisa a la madre que lo trajo al mundo y le dio el ser, como un sincero homenaje aquel que les hablaba con palabras de Dios. Pero Jesús coloca en segundo término este cariñoso piropo referido a su madre, para poner de manifiesto ante su auditorio aquello que más les puede resultar de provecho en esta vida, como es, por su propio magisterio, la escucha atenta de la Palabra de Dios y la voluntad constante de cumplirla.
Y precisamente, en un día como el hoy, en el que la Iglesia universal celebra con fervor las apariciones de la Virgen de Fátima a tres pastorcillos en los contornos una aldea portuguesa, nos trae cuenta el Evangelio del día de esta referencia a los mensajes de la madre de Jesús, “ese mismo vientre que lo llevó, y esos pechos que lo criaron”, que también son palabra de Dios para nuestra salvación, y que de alguna manera, coinciden con las palabras que en Caná de Galilea María les pidió a los criados en las boda a que asistían cuando faltó el vino: “haced lo que Él os diga”, que por supuesto, son palabras de Dios.
