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BuenaNueva 37

Iniciación cristiana, catecumenado y nueva evangelización

By BuenaNueva6 de noviembre de 2012Actualizado:6 de noviembre de 2012No hay comentarios3 Mins de lectura
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Renovar el bautismo lleva consigo el redescubrir que la vocación cristiana es por su misma naturaleza vocación al apostolado

Mi intervención desea unir la iniciación cristiana, el catecumenado y la nueva evangelización.

Me hago la siguiente pregunta: El método del catecumenado, que practicó la Iglesia antigua, ¿puede ser con las debidas modificaciones y variedades método para la nueva evangelización, para la transmisión de la fe cristiana en nuestras latitudes y en nuestro tiempo? Mirando a la misión actual de la Iglesia, el Concilio Vaticano II mandó que fuera restaurado el catecumenado; y, en efecto, en 1972 apareció el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos.

Me limito a una experiencia de iniciación cristiana: al Camino Neocatecumenal, nacido en el ámbito y por impulso del Concilio, ampliamente difundido y aprobado por el Papa como método adecuado de formación católica. Yo he conocido el Camino Neocatecumenal desde hace mucho tiempo, prácticamente desde sus comienzos, y he participado en él.

Subrayo algunos aspecto que he visto y que me han parecido más relevantes en orden a la nueva evangelización.

En primer lugar, los catecúmenos van uniendo, poco a poco, de manera honda y clara la dimensión personal y eclesial de la fe cristiana. Descubren el sentido de la Iglesia en la participación asidua de la comunidad. Se crea una profunda fraternidad que tiene también repercusión en las relaciones humanas y sociales. La persona se siente apoyada por los otros hermanos para vivir cristianamente en medio de una sociedad muchas veces indiferente e incluso hostil a la fe cristiana y a la Iglesia.

Segundo. A través del catecumenado los participantes descubren poco a poco las realidades fundamentales de la fe cristiana: el Credo, los Mandamientos de Dios con el espíritu del sermón del monte, la oración del Padre Nuestro y de los Salmos, los sacramentos particularmente la Eucaristía y la Penitencia, la dimensión apostólica de la vida cristiana. No se inicia en aspectos particulares, complementarios o devocionales, sino en las realidades básicas, que actualmente no podemos dar por supuestas. Es un catecumenado postbautismal para la mayor parte de los participantes, que a través del cual redescubren el sentido del bautismo ya recibido.

Tres. La celebración litúrgica es fortalecida en cada uno por el conocimiento y la lectura orante de la Sagrada Escritura. Durante mucho tiempo la extrañeza del latín ocultaba el desconocimiento de la Biblia, pero ahora aparece en la celebración Eucarística al descubierto esa insuficiencia. La evangelización requiere que se unan palabra de Dios, sacramento y vida cristiana.

Cuatro. La Iglesia es la «patria» de todas las vocaciones. El Camino Neocatecumenal, a través de la profundización en la fe y en la conversión, cultivando la vocación bautismal, abre la puerta a que cada catecúmeno descubra o redescubra su vocación específica, al matrimonio cristiano, al ministerio sacerdotal, a la vida consagrada, a la itinerancia misionera. Insistir en la fe y la conversión a Dios es fundamental vocacionalmente. Sin esta base, los esfuerzos vocacionales serían superficiales y en gran parte estériles.

Cinco. Merece ser subrayado el celo apostólico que va prendiendo como un fuego en los catecúmenos y las comunidades a medida que van madurando. Renovar el bautismo lleva consigo el redescubrir que la vocación cristiana es por su misma naturaleza vocación al apostolado.

Y sexto. La manera como los padres van transmitiendo la fe a los hijos es bella y eficaz. Los niños, desde pequeños, participan en una celebración familiar, el domingo, en su Iglesia doméstica, en su familia.

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