En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes» (San Mateo 24, 42-51).
COMENTARIO
Una de las características del ser humano, es que tiene constancia de que su porvenir es incierto y de que en cualquier momento puede ocurrirle algo agradable o desagradable. No tenemos ese conocimiento previo, que nos permita estrar preparados para las posibilidades que pueden ocurrirnos.
Y esto es hablando de “posibilidades”, porque hay otra cosa que sí es cierto que va a pasar, y es la llamada de Dios a dejar esta vida terrena. Más pronto o más tarde eso es seguro que ocurrirá, lo que no sabemos es cuándo…, el momento, el día ni la hora, ignoramos cuándo podrá ser. ¿Hoy?, ¿la semana qu viene?, ¿dentro de cinco años? Y lo grave es si nos pilla de sorpresa y desprevenidos. Ahí nos jugamos todo quizás sin tener preparado el equipaje para el viaje, ni la lámpara encendida, ni puesto el traje de bodas, ni nada, por nuestra culpa, nuestra desidia o nuestra soberbia…
En este evangelio vemos los perjuicios si el dueño de la casa no está en guardia para evitar que el ladrón entre en ella, y que el siervo malo descuide sus deberes y no en que llegue el dueño ausente… ¡¿Qué tienen que hacer el dueño de la casa y el servidor para evitar sorpresas que le perjudiquen?
Pues muy fácil: lo contrario de lo que hacen… Tienen que estar atentos y vigilantes, estar ojo avizor y reparados para cualquier evento, porque cuando menos lo piensen aparece el ladrón o el amo y les encuentran a uno dormido y al otro descuidado y sin cumplir sus deberes. Entonces al primero le abrirán un boquete en la casa y le robarán, y al otro le castigará el amo por abusón y por negligente.
(Puede extrañar eso del boquete, pero es que en tiempos de Jesús la mayoría de las casas tenían los techos y las paredes de barro. Tampoco es de extrañar eso de que el siervo puesto al frente de los demás siervos y del buen orden de la casa se dé a la francachela y a la prepotencia antes los compañeros porque ya se sabe: basta que des a uno un carguito para que abuse y haga cierto el refrán que advierte: no sirvas a quien sirvió -porque son los peores-)
Estos ejemplos y lecciones Jesús lo dijo a sus contemporáneos, pero valen para todos. En muchas ocasiones habla de la negligencia y la vela, y avisa a sus discípulos y a todos nosotros la necesidad de estar despiertos y diligentes como las vírgenes prudentes, los depositarios de los talentos, los discípulos dormilones del huerto…Quiere que seamos como el criado fiel y prudente de este evangelio, que no se descuida en sus obligaciones, se porta bien, y corresponde a la confianza en él depositaba. En los anteriores ejemplos, los indignos e imprudentes serán castigados; pero este buen servidor será premiado en abundancia. Más claro no nos puede decir el Maestro…. Y si el señor tarda en llegar, si nos parece que Cristo no nos visita según nuestros humanos cálculos y nuestras prisas, no nos apartemos nosotros, no nos desvinculemos del destino para el que fuimos creados y no nos demos a la vida de pecado por la desconfianza y el egoísmo, el despecho, la exigencia o el olvido. Dios siempre está presente, aunque no lo veamos. Tú reza y espera.
Los primeros cristianos quizás pensaban que Jesús se refería a su venida al fin del mundo, pero, todos, los de entonces y los de ahora estamos concernidos con estas parábolas, incluidos en esta pedagogía porque cada uno de nosotros tiene también su fin aquí. No sabemos ni el día ni la hora en que el Señor vendrá a pedirnos cuenta, y por eso mejor es estar preparado constantemente, estar “en gracia de Dios” día tras día y mantenernos vigilantes y disponible siempre. Hay que estar en guardia permanente porque el demonio está dando vueltas y maquinando para hacernos caer. Hay que estar disponibles siempre, y tener rotas las ataduras para seguir a Jesús donde Él quiera. Jesús puede llamar en cualquier momento a tu puerta y no puedes hacerle esperar. Si no le abres, llamará más veces, pero si no respondes se irá y tu perderás la ocasión de salvarte. Merece la pena por tanto ser diligente y fiel, porque nos jugamos la verdadera vida, la que importa, la que no tiene fín. Tú verás…
