Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los maestros de la Ley y fariseos, preguntó: «¿Es lícito curar los sábados, o no?»
Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.
Y a ellos les dijo: «Si a uno de vosotros se le cae al pozo el hijo o el buey, ¿no lo saca en seguida, aunque sea sábado?»
Y se quedaron sin respuesta (San Lucas 14, 1-6).
COMENTARIO
No nos vamos a centrar ni en esta enfermedad ni en su curación milagrosa sino en el actuar de Jesucristo.
El amor es el actuar de Jesús. Todo lo hace por amor y para el amor; el cual tiene dos componentes, la confianza y la humildad Si faltaran no se puede dar el amor. Es necesario confiar y ser humilde para amar como se debe.
Pero por otra parte el amor también presenta dos elementos constitutivos; la luz y el afecto. El aspecto lumínico y el afectivo. Así es amor cristiano procedente del amor del Dios trino: Un Amor luminoso y una Luz amorosa. Así es Dios. Un amor que hunde su raíz en la verdad.
Si se acentúa lo intelectivo se corre el peligro de intelectualizar el amor y secarlo. Si se acentúa el afecto se corre el peligro de sentimentalizarlo. Por eso, en adecuada proporción, el amor vive de su luz y de su afecto y se expresa en confianza y humildad.
Cristo vive toda la armonía del amor en grado perfecto. Da calor, afecto, compañía, sanación… y da luz también. Son frecuentes los pasajes donde dice que es la fe de la persona la que le ha salvado. Un afecto bien cimentado en la verdad, y una verdad que se expresa en amor.
Y es aquí donde las tinieblas se vuelven locas; cuando ven a Cristo ser luz y afecto. En el pasaje que consideramos (Lc 14, 1-6) se da un cruce de realidades. El amor que porta Cristo quiere curar. La ley que portan los fariseos quiere ser cumplida. El señor da luz porque él es la Luz. Está aplicando la sensatez como forma de la luz.
El ser sensatos, es un grado natural de luz. Desde la luz natural física que entra por los ojos, pasando por la luz intelectual hasta llegar a la luz sobrenatural hay toda una gama de colores intermedios intelectivos.
En este pasaje Cristo está llevando a sus interlocutores a una cierta reducción al absurdo. EL dejar morir a alguien porque no está permitido trabajar parece algo que no tiene mucha lógica. Es más, un animal útil parece digno de una atención sanitaria adecuada, aunque sea sábado. El Señor no carece de su sentido del humor. Lo que pretende es hacer ver la sensatez de la luz y la insensatez de la tiniebla.
No hacen falta grandes revelaciones ni epopeyas gigantes para descubrir el valor de lo sensato, la sensatez misma. Ahí mismo esta Dios. Lo natural lleva la impronta del ser y el ser lleva el sello de Dios.
Verdad es que por el pecado surgen visiones deformadas de la realidad, hasta el extremo de llamar luz a la tiniebla y tiniebla a la luz. Son deformaciones de la profesión pecadora.
Eran doctores de la ley los que quedan atónitos ante las enseñanzas de Jesucristo. Mucha sabiduría acumulada, quizás mal acumulada, o picada de pecado. Cuando esto se da entonces se trastoca el sentido de lo real. Es el orgullo el que está cegando. Es el orgullo el que está tratando de matar la luz.
Es curioso que ante el imperio de sensatez que les presenta el Señor a estos principales fariseos no supieran responder. Como si le digo a un matemático cuanto es la suma de dos más dos y no supieran qué responder. Es curioso.
Imagino yo la alegría de este enfermo y de su asombro al comprobar semejante ceguera. Están callados porque no quieren ver. Si no ven no hablan porque saben que si hablan van a ver menos todavía.
Les faltó amor en grado completo, porque no tenían ni confianza ni humildad ni afecto ni luz. Su amor no era amor, era una ruina de amor. Por eso no se fiaban ni comprendían.
La ciencia hincha dice san Pablo. La ciencia humana sin gracia divina corre el riesgo de convertirse en profundad necedad. La misma vida es un combate entre la luz y las tinieblas que rechazan dicha luz. Se repelen, se contraponen.
Es hermoso considerar el actuar de Jesús. Todo lo suyo es luz de amor y afecto de amor. Todo su actuar va en perfecta consonancia con todos los elementos del amor. Todo es confianza, humildad, luz y afecto. De ahí brotan sus milagros y curaciones.
El padre de la mentira no tolera ninguno de estos elementos. Está perdido y solo piensa en perder a todo el que pueda. Incita a la desconfianza, a la soberbia, a la tiniebla y al desafecto. Las víctimas de sus garras caen en redes de ofuscamiento y perdición.
Por mal camino iban aquellos fariseos que no eran capaces de comprender algo tan simple como curar a un enfermo necesitado. La ley del amor es la ley de los que seguimos a Cristo. Pero el mundo se quedará atónito cuando nosotros nos quedamos atónitos ante la ceguera y necedad de los que no quieren creer porque están hinchados de sí mismos.

3 comentarios
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