En aquel tiempo, atravesó Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas.
Los fariseos, al verlo, le dijeron:
«Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado».
Les replicó:
«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes de la proposición, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes.
¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa?
Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo.
Si comprendierais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificio», no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado». (Mt 12,1-8)
Jesús, Señor del Sábado. La misericordia mejor que los sacrificios.
¿Qué otro sacrificio puede Dios aceptar de mejor grado que el del Amor, siendo como es Él el amor mismo?
Un algo (o un mucho) queda aún en nosotros de cierta religiosidad natural que tiende a obtener de Dios los favores que necesitamos partiendo de un concepto de Dios creado por nosotros; pensamos que Dios actuará con nosotros como nosotros actuaríamos si fuéramos “como Dios” (Gn 3,5).
Sin embargo, el Dios que ha tenido a bien revelarnos cómo es, cómo piensa, cómo siente y sobre todo cuanto más dentro de nosotros y de nuestra historia cotidiana está de lo que podemos sospechar siquiera, ese Dios se ha puesto a nuestro servicio mucho antes de que nosotros abriéramos la boca o presentemos nuestros sacrificios (Mt 6,32).
Jesús nos ha mostrado en su vida y en su persona que Dios sabe lo que necesitamos de verdad; este saber es amar: un conocimiento de la necesidad que, si llega a ser satisfecha, llena de sentido y alegría la vida, y que, si falta, pone en evidencia una pobreza y miseria radical.
Tenía razón S. Pablo (¡cómo no!): el sacrificio vivo, santo, agradable a Dios es el culto cristiano “espiritual”, mental, es decir de toda la persona que se interrelaciona con Dios y con los hombres en y por el amor. (Rom 12,1-2). La justicia de los fariseos es incapaz de comprender esto; por eso condena a inocentes: ojala la nuestra sea mejor.

1 comentario
Someone necessarily help to make significantly articles I might state. That is the first time I frequented your web page and thus far? I surprised with the analysis you made to make this actual put up amazing. Magnificent process!