En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?».
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre» (San Juan 1, 47-51).
COMENTARIO
La Palabra hoy nos habla de Natanael, un israelita que reconoce a Jesús como Hijo de Dios, un hombre de fe que esta abierto al cambio, lo mismo que le pasa a San Pedro también presentado a Jesús a través de un amigo o de un hermano. A Pedro le cambiará la vida y desde el momento del encuentro va a dejar las redes para hacerse pescador de hombres «Sígueme, y os haré pescadores de hombres» Marcos 1,17 y Mateo 4,19; y La venida del Espíritu hace que los discípulos se conviertan en testigos del Resucitado ante todos los pueblos (Hechos 2). También hoy a nosotros se nos presenta Jesús y también somos conocidos por Jesús, con nuestras limitaciones, incapaces de reconocer al prójimo como hermano nuestro. Por esto se nos invita a cambiar nuestra vida y pasar de ser impacientes a ser pacientes, de vivir para nosotros a poder servir. ¿Cuáles son los frutos que el Señor espera de nosotros? San Pablo enuncia algunos de los frutos del Espíritu: «Amor, alegría, paz, paciencia, comprensión, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí» (Gal 5, 22).
