Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros» (San Mateo 5, 1-12).
COMENTARIO
Esta palabra tuya que hoy escucho me llena de esperanza. Son los doce versículos que enfocan la fotografía de lo que tú Señor quieres hacer conmigo. Este maravilloso “Sermón del Monte”, que tantas veces he escuchado me hacen sentirme inmensamente pequeño ante la obra que tú cada dia sigues haciendo conmigo. Por eso quiero guardar hoy en mi corazón esa llamada a la alegría que me haces porque la persecución constante a que me someten los demonios acosándome con la soberbia, la vanidad, la ira…y tantas seducciones que quieren evitar que siga el camino que tú me has marcado y que bien sé que es el de la auténtica felicidad, porque la felicidad está en poder amar al otro como tú nos has mostrado, sin esperar nada a cambio, devolviendo bien por mal, no buscando mi propio interés, viviendo todo en la humildad que es la auténtica verdad. Eso está muy lejos de mí, pero hoy de nuevo te empeñas en conseguirlo conmigo. Espero ser manso para ser feliz, espero llorar por mis pecados para obtener tu perdón, espero remitirte siempre a ti la justicia porque tú eres el único justo, espero ser misericordioso como tú lo eres siempre conmigo, espero limpiar mi corazón de soberbia para verte siempre a ti y no mirar nunca mi ombligo, espero hacer sencillamente lo que tenga que hacer, con paz, para ser un digno hijo tuyo, espero ser perseguido por el injusto (el demonio), como te persiguió a ti y al que tú venciste abriendo para todos nosotros las puertas de la felicidad eterna (El Reino de los Cielos), y espero que me persigan los mismos que te rechazaron a ti y mintieron acusándote por hacer el bien y te llevaron a la cruz, en ella venciste la muerte y ganaste para mí y para tantos la posibilidad de volver a la casa del Padre que me pensó, me creó, me dio la vida material y más aún una nueva naturaleza espiritual que gozará eternamente de tu presencia en el Cielo ¡Que bueno eres Señor con los pecadores!
Buen día con el Señor.
