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Evangelio

EL PADRE

By Hermenegildo Sevilla Garrido12 de junio de 2025No hay comentarios6 Mins de lectura
Reflexion, evangelio, hoy
Comentario al evangelio de hoy Jueves
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En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado.

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos.

Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos» (San Juan 17,1-2. 9. 14-26).

COMENTARIO

Jesús pide al Padre por sus discípulos, pide para nosotros la vida eterna. La muerte, el gran problema que atormenta a la humanidad, hasta el punto de buscar evadirse por cualquier medio de su existencia, está resuelto. Y gratis. Sólo por amor. Sólo el amor a  Dios y al prójimo conduce a la vida eterna, que podemos anticipar tímidamente, como una primicia alentadora, ya aquí en la tierra, en el día a día de nuestra vida.

Los feriantes y comerciantes preguntarían: ¿Quién da más? Nosotros podemos preguntarnos: ¿Qué nos ofrece el mundo que tenga más valor? Lo podemos comprobar. La naturaleza del hombre le lleva primero a darse repetidamente contra la pared. Tendremos que elegir entre poner nuestra vida en las manos del mundo o nos apoyemos en Cristo Jesús, pero de verdad, sin pantomimas ni desde un corazón dividido. Comprobemos, en nuestra libertad, donde está la verdad y donde el engaño. Porque se evangeliza desde la libertad. Hay personas que se encuentran más a gusto, o eso afirman por lo menos, siendo dominadas por el demonio y por un desprecio u odio al Señor.

“Te ruego por ellos que son tuyos” dice el evangelio de hoy. Que dicha y que orgullo al sentirnos de Dios. Pues en verdad pertenecemos al mismo Dios, cuyas promesas colman cualquier ansia de felicidad. Decimos en el mundo: yo soy del Real Madrid o del Barcelona. Pero el Madrid y el Barcelona pierden partidos y el Señor los gana todos. Apostemos pues por el “caballo ganador” Caminemos siempre contentos porque en nuestro “carnet de identidad” pone que somos hijos de Dios y de la Santa Virgen. Con este carnet podemos atravesar cualquier acontecimiento, por triste y peligroso que sea y entrar en la vida eterna. No lo dejemos olvidado en casa y que nadie nos lo robe o falsifique. Defendamos nuestra filiación con la vida, si  es necesario.

Jamás Jesús nos va engañar, como lo hacen esos líderes en los que podemos depositar nuestra confianza. Nos advierte Jesucristo que el mundo nos perseguirá como lo ha perseguido a Él. Y sufrimos persecuciones porque no somos, o no debemos ser, del mundo. Pero el Señor además de decirnos siempre la verdad, no nos deja solos ante ella. Jesús pide al Padre que nos proteja del Maligno, padre de la mentira. Está profetizado que la verdad vencerá en este combate.

Pero se nos ha revelado la verdad, dice Jesús, no para que nos recreemos en ella o la guardemos en un cajón, sino para que la transmitamos al mundo, por encima de burlas, desprecios o persecuciones, con discernimiento y el ánimo que da el saberse elegidos como apóstoles de alguien cuyas palabras son de vida eterna, como manifestó el apóstol San Pedro.

Tampoco abandona Jesús a aquellas personas que oyendo hablar de Él creen en su Palabra. El Padre custodiará sus vidas si abrazan la conversión. Que  no veamos, muchas veces, los frutos de nuestra misión no quiere decir que estos no  se den a su tiempo. Tal vez no debamos ver los frutos para que no nos engriamos, cayendo en la vanidad.

Se preocupa el Señor porque la comunidad de creyentes, que está llamada a crecer, se mantenga en la unidad del amor, porque de esta manera los demás podrán ver algo que en el mundo no se da y puedan sentirse llamados. Pero si por el contrario aparecen en nosotros rencillas y divisiones estaremos mostrando que somos  como el mundo y no podremos ofrecer una alternativa de vida.

Es a través de Jesús como podemos conocer al Padre Justo, al que nadie lo ha visto físicamente pero que es mostrado por Jesús en toda su dimensión. ”Quién me ha visto a mí ha visto al Padre” nos dice Jesús. Que sea un Padre Justo es un descanso para todos nosotros porque sabemos entonces que la maldad será derrotada, podrá ganar alguna batalla pero la guerra la tiene perdida. No estamos hablando, por otra parte, de un Padre severo y menos aún justiciero, porque ya sabemos de su misericordia, que baña a la justicia. Podemos vivir pues en paz y descanso, porque
Él nos conoce perfectamente, nuestras limitaciones, necesidades y combates, en definitiva nuestro corazón. Por eso podemos caminar por la vida con la cabeza bien alta, mirando al cielo, que será nuestra morada.

Estamos seguros de que el Señor es el vigía de nuestra vida siempre dispuesto a levantarnos si extendemos nuestras manos. En este evangelio Jesús lanza una preciosa oración para que el Padre nos auxilie con todo su poder y misericordia.

Estemos siempre alegres y de buen ánimo, hermanos.

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