En aquel tiempo, dijo Jesús: «¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafárnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado» (San Lucas 10, 13-16).
COMENTARIO
El Evangelio del día de hoy, nos confronta, como cristianos y discípulos de Jesús a reflexionar sobre los dones que recibimos cada día, más evidentes y tangibles desde nuestra conversión y a valorar la forma en la que ponemos dichos talentos al servicio del mundo y de nuestros hermanos.
Todo nuestro caminar como cristianos está acompañado de milagros enormes donde Dios a cada paso ha ido marcando su historia con nosotros. Es importante que el paso del tiempo no nos convierta en ciegos y sordos ante esos gestos de Dios que son los que verdaderamente han transformado nuestro corazón para llegar donde estamos.
Cada discípulo debería tener un libro donde escribiera cada día los gestos que Dios le ha regalado y debería recordar cada regalo de Dios en dones concretos que han jalonado nuestra vida.
Me pregunto como cristiana si he entendido que solamente una disposición activa para hacer que esos dones reviertan sobre los demás hará del mundo un lugar mejor: un lugar donde el amor de Jesús, por el que se entregó en la Cruz, sirva de bálsamo a nuestros hermanos sobrecargados de penas, tristezas y sinsentido.
Somos esperanza para el mundo porque somos vasijas de barro, débiles y sencillas pero modeladas por las mismas manos del Creador desde que dijimos nuestro primer “si”.
Lo que alimentamos dentro de nosotros cada día con la lectura del Evangelio, con la oración, con la Comunión, es vertido dentro de nosotros por Dios como parte de su Creación y solo tiene un destino: ser entregado al mundo para su salvación.
Del mismo modo que Jesús en su Evangelio, recordó a las ciudades de Corazáin y Betsaida los milagros que en ellas se habían realizado por parte de Dios, hoy, nosotros, somos exhortados por nuestro Señor para salir al mundo cada día c, argados con la pasión y el amor de Jesús, a entregar gratis, lo que gratis hemos recibido ( Mt 10)
