En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis» (San Mateo 9, 35-10, 1.6-8).
COMENTARIO
Hoy, cuando ya llevamos una semana en el tiempo de Adviento ya hemos constatado que una de las virtudes que hemos de fomentar durante este tiempo es la esperanza. Pero no de una manera pasiva, sino una esperanza activa, UNA ESPERANZA CIERTA, porque el señor viene ciertamente, está cerca y está cerca de nosotros.
Jesús trajo una misión de misericordia y compasión para todos al proclamar la Buena Nueva y dio a sus discípulos la autoridad para hacer lo mismo. Fue una misión que recibieron y que iban a compartir en el mismo Espíritu demostrando o manifestando más bien que el reino mesiánico estaba cerca, sabiendo que a los que curaba exteriormente en el cuerpo, los curaba también interiormente en el alma: cosa que no podía hacer nadie por su propio poder, sino por consentimiento de Dios.
Estos milagros fueron necesarios en el principio de la Iglesia, a fin de que la semilla de la fe creciera y se desarrollara con ellos. Sin embargo, la Iglesia hace esto mismo todos los días espiritualmente. Lo mismo que entonces hacían los Apóstoles corporalmente. Y son esos milagros “morales” tanto mayores, cuanto que por ellos resucita el espíritu del hombre.
Por eso es necesario del advenimiento del Señor, por eso es necesaria a los hombres oprimidos, la presencia de Cristo, y que, viviendo en nosotros por la fe, ilumine nuestra ceguera y nuestros pecados y vivamos eternamente.
El adviento esta ya aquí, revelándonos las verdaderas, profundas y misteriosas dimensiones de la venida de Dios Nos recuerda la vocación misionera de la iglesia por el advenimiento del reino de Dios. La misión de la iglesia de anunciar el evangelio a todas las gentes tal como hizo El y manifestando como también hizo Jesús que paso por el mundo haciendo el bien, de una forma total, completa y definitiva.
Esa es hoy y ahora en este tiempo nuestra esperanza y nuestra alegría: la venida del señor, “que el Reino de los Cielos está cerca”.

3 comentarios
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