En aquel tiempo, los fariseos y los escribas dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber».
Jesús les dijo: «¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días».
Les dijo también una parábola: «Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán.
A vino nuevo, odres nuevos.
Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: “El añejo es mejor”» (San Lucas 5, 33-39).
COMENTARIO
El reino de los cielos es alegría, gozo y paz. Cristo ha vencido a la muerte, nuestro último enemigo, por lo que nada podemos temer ya que nada ni nadie nos puede separar del amor de Dios. El novio está presente, es tiempo de regocijo.
Pero las pruebas no han de faltar, llegará la enfermedad, el fracaso, la persecución, la soledad. Ahora es el momento de ayunar no nos aferremos a nuestros deseos, dejémoslos de lado para entrar en la voluntad de Dios, pues las pruebas, como la cruz de Cristo, no vienen contra nosotros sino a nuestro favor, como tras la cruz viene la resurrección y la liberación del mal. Este es el ayuno que se nos pide, amando a Dios con todo el corazón seguros de que todo es para bien y dejando nuestro cuidado en sus manos de Padre.
Jesús dirige también una advertencia a los judíos: no se puede encerrar la novedad de Cristo en los viejos moldes de la piedad judaica. Si bien, en continuidad con la tradición de Israelí, la buena nueva de Cristo supone el cumplimiento y la superación de las expectativas de la antigua ley. El vino nuevo que Cristo aporta requiere odres nuevos. Cierto que este vino procede de las jarras de las purificaciones de los judíos, pero es vino nuevo, novedad completa.
Pero es también advertencia para nosotros. La fe en Cristo exige compromiso total, no se puede compaginar con las costumbres del mundo. El cristiano, si bien está en el mundo no es del mundo. El vino nuevo de Cristo no casa bien con las modas del mundo. El cristiano es una total novedad que da a beber el vino nuevo de Cristo al mundo. No somos nosotros los que nos hemos de amoldar a los odres mundanos, ellos han de reconocer el vino nuevo.

2 comentarios
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