• Publicaciones
  • Evangelio del dia
  • Noticias
    • España
    • Ciencia y fe
    • Ecclesia
    • Mundo
  • Publicaciones
  • Evangelio del dia
  • Noticias
    • España
    • Ciencia y fe
    • Ecclesia
    • Mundo
Home»Noticias»Mundo»Nuestra crisis de natalidad es uno de los signos más evidentes de la crisis de valores que sufre Occidente.
Mundo

Nuestra crisis de natalidad es uno de los signos más evidentes de la crisis de valores que sufre Occidente.

By Valentin De Prado9 de septiembre de 20194 comentarios5 Mins de lectura
Compartir
Facebook Twitter WhatsApp Email

Monseñor José Ignacio Munilla –

Los datos publicados por el INE a finales del pasado junio muestran un panorama desolador en materia de natalidad: la fecundidad se sitúa en 1,25 hijos y los nacimientos han caído un 6% respecto al año anterior. Acumulamos un descenso de un 30% en la última década; y si no nos hubiésemos visto beneficiados por la natalidad de los inmigrantes, este descenso en España habría alcanzado el 44%. En nuestro país mueren más personas de las que nacen, y mientras que la población de más de 65 años supera los nueve millones de personas, los menores de 15 años no llegan a los siete millones. Estos datos se agravan aún más si nos referimos al territorio vasco.

Tengo la impresión de que nos estamos acostumbrando a escuchar periódicamente este tipo de datos, sin calibrar suficientemente lo que implican… La publicación de este tipo de cifras, cada vez más inquietantes, suscita la lógica preocupación por la sostenibilidad del sistema de pensiones. Algunos incluso llegan a mostrar cierto temor por el futuro de nuestra civilización, ya que los flujos migratorios se aceleran por motivo de la descompensación demográfica; o, en el mejor de los casos, se escuchan algunas voces (pocas, por desgracia), planteando la necesidad de implementar medidas para favorecer la natalidad, tales como la conciliación laboral, la lucha contra la especulación en el precio de la vivienda, incentivos directos, etc.

No estamos ante un fenómeno nuevo en la historia de la humanidad, puesto que la crisis de natalidad ha acompañado a casi todos los declives culturales. Por poner un ejemplo, impresiona leer el siguiente texto de Polibio, historiador grecorromano, quien a mediados del siglo II a.C., en plena decadencia de la Grecia clásica, escribía:

«En nuestros días, en toda Grecia, la natalidad ha descendido a un nivel muy bajo y la población ha disminuido mucho, de forma que las ciudades están vacías y las tierras en barbecho (…) Las gentes de este país han cedido a la vanidad y al apego a los bienes materiales; se han aficionado a la vida fácil y no quieren casarse o, si lo hacen, se niegan a mantener consigo a los recién nacidos, o solo crían uno o dos como máximo, a fin de procurarles el mayor bienestar mientras son pequeños y dejarles después una fortuna considerable. De ese modo, el mal se ha desarrollado con rapidez sin que nadie se haya dado cuenta…»

A los pocos años de esta crónica (allá por el año 146 a.C.), el Imperio Romano fagocita a la Grecia decadente, hasta que siglos más tarde llega el ocaso del Imperio Romano, acompañado nuevamente de una profunda crisis de natalidad… ¡Nihil novum sub sole!

Ahora bien, sería muy triste si nuestra preocupación por la crisis demográfica se circunscribiese al temor por el debilitamiento de nuestras pensiones, o al miedo a la llegada de extranjeros. Igualmente, sería muy ingenuo suponer que una administración pública vaya a ser capaz de revertir esta tendencia con la mera aprobación de incentivos a la natalidad, por muy necesarios que sean. De hecho, las clases sociales más pudientes no tienen un índice de fecundidad superior a la media, y los inmigrantes en España tienen un número de hijos muy superior a los autóctonos, a pesar de que su nivel económico es inferior y sus dificultades objetivas para la conciliación laboral sean mayores.

Nuestra crisis de natalidad es uno de los signos más evidentes de la crisis de valores que sufre Occidente. En el contexto de una sociedad en la que la calidad de vida se identifica con el mero bienestar, el reto de la maternidad y la paternidad es percibido como demasiado exigente. Es innegable que la educación de los niños demanda una entrega plena e incondicional –me atrevería a decir que heroica–, que no es fácilmente compatible con la cultura del weekend, de la invasión digital, del consumismo compulsivo, del desorden de vida generalizado, de la crisis existencial… Ciertamente, la maternidad y la paternidad requieren ‘dar la vida’ en el sentido más amplio del término. ¡La crisis demográfica esconde una crisis de esperanza!

Para abordar la cuestión es importante que entendamos que la baja natalidad no solo compromete el futuro de una cultura, sino que afecta en gran medida a su presente. La carencia de niños en nuestras familias y en nuestra sociedad, nos empobrece mucho más de lo que suponemos. De hecho, en no pocas ocasiones hemos constatado que solo la inocencia de los niños es capaz de arrancarnos de nuestra zona de confort, de nuestro aburguesamiento, llevándonos a entregar lo mejor de nosotros mismos hasta alcanzar el cenit de la madurez, que suele coincidir con el olvido de uno mismo. Nuestra cultura necesita de los niños de forma apremiante, porque pocas cosas hay tan falsas como una alegría sin inocencia…

A lo anterior debemos agregar lo que supone hurtar a los niños la experiencia de la fraternidad. El déficit de fraternidad se traduce en la educación, en una notable dificultad para la socialización, además de una proclividad para desarrollar la herida narcisista. Si la experiencia filial nos ayuda a tomar conciencia de nuestra dignidad (somos únicos e irrepetibles), la experiencia de fraternidad nos enseña a ser uno más entre todos; algo absolutamente necesario.

Decíamos que la paternidad y la maternidad requieren ‘dar la vida’. Pero la vida es algo que nos supera. Es un ‘milagro’ que hemos recibido gratis y que estamos llamados a transmitir generosamente. Los creyentes no solemos hablar de reproducción, sino de procreación. Los animales se reproducen, ciertamente; pero los seres humanos procrean. Los progenitores colaboran con Dios creador para dar vida al mundo. En este día de la Natividad de María, 8 de septiembre, no podemos sino acordarnos de sus padres, Joaquín y Ana. ¡Gracias por haber traído al mundo a aquella de la que nacería el autor de la vida!

Compartir. Facebook Twitter Email WhatsApp

Publicaciones relacionadas

Cuatro años de guerra en Ucrania: Cáritas construye humanidad entre drones rastreadores

24 de febrero de 202610 Mins de lectura

La fe y el amor a la Virgen de Coromoto de María Corina Machado, la Nobel de la Paz venezolana

17 de octubre de 20256 Mins de lectura

Las cinco lecciones que extrae Munilla del «testimonio sublime» de perdón de Erika Kirk

25 de septiembre de 20252 Mins de lectura

4 comentarios

  1. gbgbet el 26 de febrero de 2026 20:47

    Hurrah! After all I got a webpage from where I be capable of genuinely obtain helpful data regarding my study and knowledge.

  2. 日本 av el 25 de febrero de 2026 00:38

    Thanks for some other fantastic post. The place else could anyone get that kind of information in such a perfect method of writing? I have a presentation subsequent week, and I’m at the search for such info.

  3. hi88 el 24 de febrero de 2026 03:20

    I am regular reader, how are you everybody? This article posted at this site is genuinely pleasant.

  4. av 女優 el 6 de febrero de 2026 18:53

    If some one needs expert view on the topic of blogging then i propose him/her to pay a visit this weblog, Keep up the good job.

Dejar un comentario

Últimos artículos

Entrevista a Juan Pablo y Andrea

15 de enero de 2019

Buenos propósitos digitales: ¡Estos son los secretos de la dieta 5:2!

7 de mayo de 2018

La muerte cristiana VII

13 de julio de 2015

Aborto, ni se ve ni se nota

13 de julio de 2015
Lo más comentado
  • 國產 av en La canonización de Juan Pablo II y el viaje a Tierra Santa dominan la agenda del Papa en 2014
  • b2xbet en Cristianos de Irak temen la extinción
  • gbgbet en Mensaje de Benedicto XVI para la JMJ Río de Janeiro 2013
  • av 女優 en Abusos sexuales: la ONU propone al Vaticano medidas que ya fueron tomadas
No te lo pierdas

La coronación la Virgen

By BuenaNueva18 de junio de 2012

El lienzo de la coronación de la Virgen, que hoy se encuentra en el Museo…

Segundo misterio gozoso. La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel

1 de mayo de 2014

Segundo misterio. Las bodas de Caná

18 de agosto de 2013

El Camino de la Belleza

23 de diciembre de 2014

La Asociación Canónica Bendita María, editora de la la revista Buenanueva es una asociación sin ánimo de lucro. No esta vinculada a ningún grupo, ni movimiento de la Iglesia ni a ninguna otra institución, por lo tanto no tiene más ingresos que los derivados de las suscripciones personales y la aportaciones que graciosamente nos hacen. 

Todas las personas que colaboraran en ella lo hace gratuitamente con la única finalidad de anunciar el Evangelio y el Reino de Dios a través de este medio.

Boletín de noticias

Teclee arriba y presione Enter para buscar. Presione Esc para cancelar.