En la ciudadde Cafarnaún, el sábado entra Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: -« ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.» Jesús lo increpó: -«Cállate y sal de él.» El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos: -«¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen.» Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea. Marcos 1, 21-28
¡Porque lo digo yo, que soy tu padre! Esta es una expresión muy común en las discusiones habituales con nuestros hijos adolescentes, para concluir una conversación en la que casi siempre los hijos piden a los padres porqués continuados sobre un asunto que les interesa mucho conseguir y para el que no obtienen el permiso anhelado. En el fondo ni el hijo desea aprender nada de los argumentos ofrecidos, ni el padre al final pone mayor interés en ellos, concluyendo con el “porque te lo digo yo, que soy tu padre”. ¿Es la enseñanza basada en la autoridad o es simplemente el carpetazo a un asunto apoyándose en la natural autoridad? Pues Dios podría hacer lo mismo con nosotros. Desde su autoridad, enseñarnos lo que tenemos que saber y por donde tenemos que ir. La autoridad divina le legitima sobradamente para hacerlo.
Pero ¿es este tipo de enseñanza, basada en esa autoridad, la que dice el Evangelio que Jesús practicaba en Cafarnaún? Dice el Evangelista que la enseñaza de Jesús no era como la de los escribas, que también tenían autoridad. ¿A qué se refiere el Evangelio cuando menciona en varias ocasiones esta autoridad en la enseñanza de Jesús y sorprendía a todos? ¿A su condición de Hijo de Dios? Para la mayoría de sus oyentes era un desconocido. No vale el “porque te lo digo yo, que soy el Hijo de Dios”, por que no le tenían por tal. Entonces ¿qué fascinaba en la enseñanza de Jesús que se presentaba como u na autoridad? Cuando voy a un aula y un profesor me explica una lección esos conocimientos pueden ser muy válidos por buenos, sabios y veraces. Pero no pueden librarse de una mayor o menor dosis de fragilidad, porque nacen de la inteligencia, la experiencia y la habilidad de otro hombre, siempre limitado. Toda enseñanza nace de la sabiduría, pero hasta la sabiduría es humana y por lo tanto sujeta a matices e incluso al error, aun con la mejor de las intenciones del docente.
Lo que asombraba a los presentes en la Sinagoga de Cafarnaún es que Jesús enseñaba no con la autoridad del maestro sino la de la propia Verdad. Las enseñanzas de Jesús son más parecidas a las que nos propicia la Naturaleza cuando la contemplamos. Vemos el mar, oímos el ruido del oleaje, lo tocamos y nos mojamos las manos en el. Vemos el cielo y a las aves volar… Escuchamos el latido de nuestro corazón y estamos vivos…Esas experiencias brotan de la verdad de los hechos mismos, no hay comunicadores de por medio. Son implemente verdad. El mar, el cielo, las aves, mi corazón que late….
Jesús cuando va a la Sinagoga no trasmite enseñanza alguna al estilo humano, El es la propia enseñanza, es la Verdad misma, por eso lo que dice no es nada mas que la manifestación de la Verdad en palabras y hechos, de la misma forma que nuestros ojos nos dejan ver el azul del cielo y tocar el agua del mar nuestras manos. Jesús es la Verdad del Padre y cuando llega a la Sinagoga no puede sino ser lo que es. A eso llaman sus contemporáneos “enseñar con autoridad”, de su presencia manaba la enseñanza, la Verdad que encarnaba el Hijo de Dios vivo. Por lo tanto, ante el hombre que tenía un espíritu inmundo se establece una relación natural de verdad frente a mentira, de el Bien frente al Mal. El mal, la mentira, reconoce al Bien y se doblega por la propia naturaleza de las cosas, no hay mas que una relación de sometimiento natural, no hay sitio para las explicaciones ni para los razonamientos sobre porqué aquel hombre tenía que librarse de ese espíritu inmundo. Así como las tinieblas no soportan la luz y como el amanecer aparta a la noche y esta le deja su sitio sin resistencia; no puede la mentira mantener siquiera una mínima pugna con la Verdad.
“Cállate y sal de Él” Esta es la más profunda dinámica de Dios. No aporta sabiduría ni buenos razonamientos ni experiencia de vida al estilo humano, aporta simplemente la Verdad. Hay un Dios que nos ama y Jesucristo su enviado. El es la Verdad, no tiene mas que presentarse en la vida de los hombres, como lo hizo en la Sinagoga de Cafarnaún, para ofrecerse a sacar el mal y la mentira de los que ante El tienen el coraje de acercarse. Ahí está su enseñanza, en su autoridad, la autoridad que concede la simple y hermosa Verdad.

3 comentarios
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