Antes de que comiences a leer, querido lector, tengo que decir que soy padre y que el Señor ha bendecido nuestro matrimonio con 9 hijos y el primer parto fue gemelar.
Nuestro querido Papa Francisco, al ser espontáneo en sus declaraciones -cosa que me agrada sobremanera- deja cada día titulares a esa prensa que va más allá de informar desde la profesionalidad y la honestidad e interpreta con exquisitez declaraciones y noticias de personajes importantes en la sociedad de hoy.
Hemos visto como titulares en estos últimos días: «Paternidad responsable» y «Para ser un buen católico no hace falta tener hijos cómo conejos» han encabezado todo tipo de artículos en la variada prensa española. Estas dos frases que las familias numerosas hemos recibido, cual pedrada, durante mucho tiempo desde la “zona enemiga” ahora las escuchamos del Papa Francisco y alguno -seguramente inducido por el maligno que está detrás de cada palabra emitida por el Papa- ha pensado que esto es «una puñalada trapera». Digo esto porque he oído muchos comentarios a mi alrededor.
La labor del demonio es dividir, mentir, crear confusión pero yo debo decir que no me he sentido juzgado por estas palabras. Cuanto mayor es nuestra decisión sobre el lugar que debe ocupar Dios en nuestra vida, mayores son los ataques del enemigo. ¿Soy yo un padre responsable? ¿Desde qué punto de vista: económico, afectivo, psicológico…? Con cada hijo que ha venido a mi vida siempre he recibido el mismo comentario: “tendrás un gran salario”; el problema que la sociedad siempre te presenta es el dinero. A mí la Iglesia me ha devuelto la vida llevándome a Jesucristo y al recibir este espíritu novedoso he podido romper ese cerco de muerte que me incapacitaba para tener una relación seria con una mujer y por supuesto el de formar una familia. Mi matrimonio existe hoy porque entre mi mujer y yo se da la donación fruto del Espíritu Santo. Cada hijo es fruto de un encuentro profundo con Jesucristo que despojándome de mis miedos me ha permitido abrirme a la voluntad de Dios. No me siento para nada “conejo” porque no he buscado satisfacer mis instintos, ni llevado por una moral cuadriculada pretenda acallar ningún tipo de prejuicio. Es la vida que Jesucristo, a través de su Espíritu, ha obrado en mí como podemos ver en la carta de San Pablo a los Romanos:
En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!
El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados.
Este mismo Espíritu es el que me enseña a ser padre responsable, es más es el que me posibilita para llegar a ser santo. Cuando le abandono, mi matrimonio deja de tener sentido así como cada uno de mis hijos. El punto está en saber qué es la paternidad responsable. El dinero, el espacio de la casa, así como las necesidades materiales de cada miembro de la familia se puede adaptar, en algunas ocasiones de forma precaria, pero se puede; sin embargo lo que es una responsabilidad para mi es mostrar cada día a cada uno de mis hijos que esa Palabra que les he predicado tantas veces se hace carne en mí; que el perdón del que les he hablado lo practico con ellos; que la misericordia que les he mostrado en Jesucristo sale de mis manos; que la libertad que da el no estar apegado a los bienes materiales se manifiesta en mi generosidad y sobre todo la paternidad responsable es estar cerca de tu hijos cuando sufren, dejándoles ser esa obra que Dios quiere hacer con ellos que en la mayoría de las ocasiones difiere muchísimo de nuestros proyectos. En mi modesta opinión en la medida que nos parezcamos a nuestro verdadero Padre -el del cielo- tendremos unas actitudes que serán las que nos identifiquen como “padres responsables”.
