En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos.»
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban (San Marcos 6, 7-13).
COMENTARIO
En el Evangelio de hoy podemos ver lo siguiente: El Señor Jesucristo llama a sus doce apóstoles y los envía a la misión en parejas.
De aquí ya podemos sacar enseñanzas. La misión forma parte de la vida del cristiano. Cada uno seremos llamados según nuestros dones y nuestras circunstancias.
Además, envía a sus discípulos en parejas. No se puede vivir la fe de forma aislada. Ya nos decía el Santo Padre San Juan Pablo II que un cristiano aislado está en grave riesgo de dejar de serlo. La corriente contraria es demasiado fuerte.
También vemos que les da autoridad sobre los espíritus inmundos.
Les dice que cumplan la misión sin apoyarse en bienes materiales. Nada de pan, alforja, dinero o túnica de repuesto.
Escuché hace tiempo en Radio María que, hace unos años, algunos obispos de Estados Unidos pensaron que sería bueno para evangelizar poner en marcha medios de comunicación. Contrataron comunicadores «estrella». Se gastó muchísimo dinero. Resultado, todavía están pagando las deudas del experimento.
Los discípulos se pusieron en marcha. Expulsaban demonios y curaban enfermos.
Los cristianos, ¿conservamos estos poderes en la actualidad? ¿Tenemos suficiente fe o la hemos perdido?
Una vez más, os invito a meditar este Evangelio.
Unidos en la oración.
