En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.
Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno» (San Juan 10, 27-30).
COMENTARIO
“Yo y el Padre somos uno” No estamos ante una ficción teológica con estas palabras de Jesús, sino que estamos ante el “dador de vida” mis ovejas escuchan mi voz… y yo les doy la vida eterna.
La buena noticia es que después de esta vida el cielo se ha abierto para el ser humano porque el amor es mas fuerte que la muerte y signo de que esto es verdad es que en la comunidad eclesial es posible el amor entre los hermanos, aunque no es perfecto.
La novedad de la vida cristiana es que se proclama la buena noticia de que es posible el amor, “amaos unos a otros como yo os he amado” y la manera en cómo nos ha amado el Señor ha sido dando la vida por nosotros y no cuando éramos buenas personas sino cuando éramos contrarios a la voluntad de Dios. Es decir, éramos pecadores y esto viene a cuento porque el Señor sabe bien la necesidad que tenemos de vida y de vida verdadera; esta es una nueva forma de comprender a Dios. Los judíos como en general los hombres nunca esperamos que sea a través del sufrimiento como vamos a recibir la vida. El verdadero Mesías es el que sabe dar “la vida por las ovejas”.
