En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará» (San Mateo 10, 17-22).
COMENTARIO
Este pasaje, que se encuentra también en Lucas 21,12-19 y Marcos 13,9-13, pertenece al largo párrafo de las instrucciones que Jesús da a sus doce discípulos, en su primer envío de misión apostólica. Aunque aquí omitido, el versículo 10 de san Mateo comienza con la advertencia: “Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos.” Después parece hablar de un tiempo futuro de gran tribulación, de guerras y disturbios, donde los seguidores de Jesús serán perseguidos y entregados a los tribunales, por sus propios padres y familiares.
Muchas de estas persecuciones, ya han tenido lugar varias veces en la historia, especialmente las del Imperio romano, causando numerosos mártires que veneramos en los altares. Y siguen aún hoy en otros países, cuya lejanía nos hace permanecer en una cierta indiferencia, desde nuestra cómoda posición de tolerados.
A pesar del alarmante comienzo, Jesús consigue dar algo de tranquilidad a sus apóstoles, asegurándoles que no tienen que pensar en su defensa: “Ya que será el espíritu de vuestro Padre quien hable en vosotros”
En pleno sabor de Navidad irrumpe la liturgia con la celebración de san Esteban, diácono protomártir de la Iglesia cristiana recién nacida, y se nos muestra buen ejemplo de la intervención del Espíritu Santo, que abre los cielos para dar fortaleza, consuelo y esperanza al condenado.
Quizá la elección de este fragmento del evangelio, repetido varias veces en el Adviento, sea para recordarnos que el dulce Niño recién nacido, tendrá que pasar por las ya conocidas persecuciones hasta la muerte de cruz, y que “no es el discípulo menos que el Maestro” en nuestro mundo.
Es preciso preguntarnos y explorar profundamente quienes son ahora los enemigos de Cristo, y por qué. “Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre” ¿A quién pueden molestar las recomendaciones sin imposición, casi utópicas, de un hombre bueno y justo que se muestra benévolo con el pecador, conmovido ante las enfermedades y desgracias humanas y misericordioso con los que lo crucifican? ¿Qué provoca el rechazo, la rabia, si claramente este comportamiento, con la ley del amor, sanaría a la sociedad, si fuera copiado por todos?
El ser humano rechaza a un Dios creador y todo poderoso, porque tiene derecho a imponerle deberes durante la vida y a juzgarlo después… Desde Adán aquél “seréis como dioses” resuena en su interior, el hombre lucha para conseguir el poder, que da libertad de actuación y mando despótico sobre los demás. El dinero vence trabas, obstáculos y dificultades para la libertad y los placeres; el poder político da la satisfacción de imponer, hasta con la fuerza, el modo de pensar y de vivir: Son los dueños del mundo. Toda forma de sentirse superior a los demás, le da al ser humano una inmensa satisfacción. Yo por encima.
Algo de eso nos gusta a todos: el mejor expediente, el más inteligente, el más rápido, la más simpática, el más, la más … y hay que tener mucho cuidado.