Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio». Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él (Mc 1, 14-20).
COMENTARIO
Estamos comenzando el año 2021, acabamos de renovar las promesas bautismales, es tiempo de mirar al horizonte con esperanza, no amedrentarse ante las dificultades, ni arredrarse en la llamada cuesta de enero.
La experiencia de la Navidad, la certeza del acompañamiento de Dios, que se ha hecho uno de nosotros, la referencia permanente a María, su madre, nos deben dar impulsos nuevos para tomar o renovar la opción de seguir a Jesús.
El Maestro pasa por delante de los primeros discípulos y debió de producir en ellos una atracción muy fuerte, según narra el Evangelio, para dejar redes, trabajo, familia y tierra e ir detrás del Señor.
El relato está muy concentrado y hay que suponer que no sería la primera vez que los Zebedeos oyeran y vieran al Maestro de Nazaret. No se explica fácilmente que ante una llamada inesperada se responda con tanta radicalidad.
Hay una palabra en el texto bíblico que refleja una actitud que deberíamos personalizar en todo lo que se refiere al querer de Dios; es la prontitud en la respuesta: “inmediatamente”. No hay tiempo que perder, las circunstancias son recias, más que nunca se valora lo esencial. ¡Vayamos detrás de Jesús!

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