Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?» Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (San Marcos 2, 13-17).
COMENTARIO
Escuchar tu llamada y responderte esa es la cuestión. Tu me llamabas desde muy joven, pero yo apenas reconocía tu voz. Me bautizaron apenas unos días después de mi nacimiento y desde muy pequeño mis padres me hablaban de ti. Tomé mi primera comunión y también recibí el sacramento de la Confirmación. Siempre me buscabas y a ti, y a tu madre María, recurría muchas veces en medio de mis dificultades. Sabia que estabas, que seguías mis pasos e incluso pensé seriamente en dedicarme por completo a buscarte entrando en un seminario. Pero tu tenías otros planes para mi. Me llevaste a tener un noviazgo estupendo que concluyó con el matrimonio donde tu apareciste con potencia y gracias a los mensajeros que nos enviaste con la fuerza de la predicación de tu Palabra, por fin te escuche con claridad. Si. Escuché esa llamada tuya que hoy me hace presente este evangelio. ¡Rafael sígueme! Y me puse en camino. ¿Qué ha significado para mi ponerme en camino? Pues escuchar asiduamente tu Palabra, participar de los Sacramentos que tu has depositado en tu Iglesia y compartir mi camino con los que tu has puesto a mi lado como compañeros de viaje. En estas tres patas se cimenta mi itinerario para volver de nuevo y para siempre a ti. Ayúdame a seguir las huellas de la humildad, la sencillez y la perseverancia que tu me muestras cada dia. No permitas que ante las adversidades y las dificultades que me encuentro en el camino me deje llevar por los engaños del maligno. El esta siempre acechándome para confundirme, para desviarme, para que no me ajuste a tu voluntad, para que me distraiga en banalidades, para que me entristezca ante las contrariedades. Sé tu mi sostén, mi refugio. Defiéndeme y dame tu discernimiento para distinguir a saber hacer con sencillez lo que tenga que hacer. Solo tu puedes iluminar verdaderamente las tinieblas que aparecen en el camino de cada dia. Tu Señor, eres realmente la luz, tu posees la verdad y eres el único camino de vuelta al Padre del cielo que me creó y me llamó a ser un digno hijo suyo. No tengas en cuenta mis distracciones que no son otra cosa que mis muchos pecados y en tu misericordia ayúdame hoy y cada dia a seguirte humildemente haciendo únicamente tu voluntad porque esa es sin duda mi felicidad.
¡Buen dia con el Señor!
