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Presentación del libro «Hombre en camino» por Mª Ángeles Fernández

By BuenaNueva14 de marzo de 2013Actualizado:14 de marzo de 2013No hay comentarios7 Mins de lectura
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Buenas tardes

Quiero comenzar con una pregunta: Juan, ¿qué méritos hemos hecho para que compartas con nosotros estos versos? Porque éste no es sólo un libro de poemas, que ya es mucho. Es una autobiografía en verso. Capítulos de su vida en versos descarnados, transparentes, libres, sinceros, valientes… Diría, incluso, que es una confesión… o, como muy acertadamente escribe don Miguel Sánchez Torrejón en su precioso prólogo, “capítulos que Juan va desgranando en sus poemas como las cuentas de un rosario, con sus misterios que son vida y verdad desnuda, sin aparejos poéticos o metáforas inútiles”.

Pero no, no hace falta que te hagamos ninguna pregunta. Quienes te conocemos, sabemos que das a manos llenas, porque tu corazón está lleno. Lleno del Amor de Dios, lleno de Amor a Dios y lleno de amor a las personas. Por tanto, sólo hemos de aceptar, agradecidos, tu generosidad a la hora de regalarnos este libro.

Un libro en el que Juan se presenta como un hombre en camino. Un camino que emprendió en el mismo momento de su bautizo. Un hecho del que pocas personas tienen recuerdo por razones obvias de edad, pero que, como Sacramento que es, queda impreso para siempre en nuestras vidas. Juan nos cuenta el suyo en una bellísima poesía. O, mejor, en una bellísima oración. Es una oración en la que, con humildad, confiesa sus errores y manifiesta su plena disponibilidad para avanzar por el camino, dispuesto a cargar en su mochila la misión que Dios le ha encomendado.

Para esta marcha, Juan, que siempre está rodeado de libros, ha escogido sólo uno, y es el que lleva siempre en su ligero equipaje. La Palabra de Dios le alimenta, le consuela, le anima, le empuja a seguir adelante por el camino. Pero ese camino no siempre es fácil. Es más, en muchas ocasiones es realmente abrupto, sinuoso, árido, y esa fe adquirida en el bautismo puede, ciertamente, tambalearse. Juan, en su Credo, nos apunta algunas etapas de su vida descubriéndonos Quien es el cayado en el que se apoya y que nos preserva del cansancio y de las caídas.

¿Saben una cosa? Este cuaderno de bitácoras que hoy presentamos está impregnado de silencios. Es un cuaderno que hay que leer en el silencio, es un cuaderno que invita al silencio de la reflexión y de la contemplación. Pero es también un cuaderno en el que Juan recoge el silencio de Dios y clama a Dios por sus silencios. Reconozco que éste es uno de los aspectos que, sinceramente, más me han conmovido al leer, al degustar este libro.

Porque este hombre también camina a veces por el desierto. Un desierto árido, extenuante. Un desierto en el que sólo sale a su encuentro el Padre, aunque, insisto, muchas veces en silencio, con discreción, con enorme respeto. Pero es que después del desierto llega la subida al Calvario, camino empinado y doloroso por el que Juan ha ascendido en más de una ocasión. El Padre también le acompaña en ese recorrido. Si ya lo hizo con Jesús, ¿no lo va a hacer con nosotros, sus hermanos? Aunque sigue en silencio, Juan, el caminante, sabe que siempre camina a su lado aunque a veces no reparemos en su presencia. El es su alimento, el agua que alivia su sed, que nutre su alma seca. Conmueve ser testigos, a través de los versos de Juan, del encuentro entre el hombre y Dios a través de unas manos vacías que humildemente se transforman en trono y cuna que acogen a Jesús en el Sacramento.

Estás entre mis manos,

Señor.

En mi trono de carne que te acoge emocionado,

en mis manos cruzadas y vacías.

Contemplo el más grande milagro de la Vida;

Dios hecho hombre que viene hasta mi cuerpo.

o también:

Es tu Amor infinito el que me traes

es tu Esperanza la que me ofreces

y vienes a posarte suavemente en mis manos

como signo indudable de tu confianza

en este pobre hombre que camina buscándote.

¡Qué manera tan bella de describir ese encuentro en la Comunión! ¡Qué seguridad nos da confirmar que Dios sigue confiando en nosotros, que nos conoce, que nos llama por nuestro nombre!

En este camino que Juan ha querido compartir con nosotros, le vemos tambalearse muchas veces, descubrimos el enorme peso que soportan sus hombros. ¿A quien de nosotros no le ocurre también esto? ¿Quién de los que estamos aquí no ha sentido alguna vez que, alrededor, todo se ha vuelto oscuridad? Pero en este libro hay luz, mucha Luz, también con mayúscula, porque en todos y cada uno de los poemas, en todas y cada una de las etapas de la vida de Juan, siempre encontramos su mirada que se eleva, que busca… y que encuentra.

Porque Juan entona a lo largo de su peregrinaje cantos de dolor y cantos de amor. El libro, todo él, es un canto de esperanza. Como hemos señalado, el camino se presenta duro en ocasiones, pero el caminante no se detiene, avanza, sabe que Alguien le espera al final y, además, no va solo.

Habla con su compañero de camino con confianza, con libertad, como se le habla a un amigo, a un confidente. Y habla a Pilar, su compañera en el camino, con la ternura y la sinceridad con las que sólo quien ama de verdad porque conoce el Amor, también con mayúscula, puede hacerlo. Por favor, cuando lean este libro, saboreen todas y cada una de las palabras que dice a su mujer en la preciosa carta de amor que titula Compañera. Juntos, cimentaron su casa sobre la Roca. Y dio sus frutos.

En este libro, Juan, el caminante, evoca el viaje, los viajes en los que, junto a Pilar ha salido al encuentro de la Vida. Y la Vida le recibe con el mayor regalo: el de sus cuatro hijos. Después hemos sido muchos los que hemos recorrido el mismo sendero y Juan, la familia entera, con su generosidad, desde su experiencia y siempre, con su amor (un amor que sólo puede proceder de Dios, como muy bien apunta en uno de sus versos), nos han sugerido las coordenadas que podíamos seguir. Dios Padre que nos convirtió en sus hijos de adopción, nos daba otra vez la oportunidad de ser padres adoptivos, dice en uno de sus versos.

Juan es un padre que, como todos, se pregunta, se cuestiona. Es un padre que también pregunta a Dios… Y es un padre que no siempre encuentra respuesta. Pero no por ello se cansa de pedir, de suplicar. ¿Que nos dice el silencio de Dios?  En estos poemas del camino hay muchas preguntas, hay muchos silencios… pero, por encima de todos ellos, hay mucha fe. ¿No dijo acaso Jesús, “venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados” y también “Pedid y recibiréis”? Los que sois padres lo sabéis. Cuando se trata de nuestros hijos, cuando es su vida, su camino, lo que está en juego, no tememos ser pesados con Dios, ¿verdad? Pues eso hace Juan, pero además lo dice de un modo muy bello:

No te canses de amarles

ofréceles una ventana abierta,

un camino derecho…

Hazte el encontradizo, Señor…

En uno de los mensajes que intercambiamos cuando terminé de leer este libro, Juan me dijo que “Ojalá estos versos puedan servirle a alguien en su vida”. También, en uno de los poemas, el autor pide al amigo, a su guía en este viaje, que coja con su mano a tantos otros caminantes que andan buscando el sendero. Gracias, Juan, por presentarnos y encomendarnos a este Guía que, en realidad, es el propio Camino. Gracias, también, por permitirnos ser testigos de tus sentimientos más profundos que compartes sin pudor, con sencillez. Claro que, viniendo de Juan, no podíamos esperar que fuera de otro modo… Pero, sobre todo, gracias a Dios por, como dice Juan, ayudarnos a descubrir que somos hombres y mujeres en camino.

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