En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así:
«Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos han ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal».
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas». Mateo 6, 7-15
Cómo habla Jesucristo con el Padre, lo que le pide y nos enseña a pedirle; la verdadera súplica, y las necesidades básicas, están compendiadas en pocas palabras en esta oración incluida en el marco de las bienaventuranzas de san Mateo.
Esta oración con sus cortas frases, fáciles de memorizar, han hecho el objeto de comentarios en todas las edades de la Iglesia, el mismo Israel conoce una oración muy parecida donde se llama a Dios Padre, y Rey: el Avinu Malkeinu (1). Con ella, Israel, se arrepiente del alejamiento de Dios, quien lleno de misericordia le conduce – durante los días penitenciales. -, hacia el Gran Perdón, hasta el Yon Kippur.
Dejémonos emocionar por tan visceral súplica, recordando que, posiblemente, nuestra oración cristiana ha tenido en labios de Jesucristo y de sus apóstoles y discípulos, una música inspirada por el Espíritu Santo, y que Él, en buen salmista, se ha inspirado, en la forma y en el fondo, de la oración davídica por excelencia, la oración de los salmos, que canta el perdón y la misericordia de Dios.
David, Rey, Sacerdote y Profeta hizo entrar en el culto la fiesta y la alegría, cantando agradecido el perdón y la salvación de Dios.
Bienaventurados aquellos cuyas maldades fueron perdonadas, y cubiertos sus pecados. Dichoso el hombre a quien el Señor no imputa el pecado (Sal 32, 1-2)
Curiosamente, la única petición del Padre Nuestro que el Señor comenta es la que dice:
perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. (Mt 5, 12),
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas. (Mt 5, 14-15).
(1) http://www.radiosefarad.com/avinu-malkeinu-el-padrenuestro-judio/

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