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Evangelio

La gracia y la verdad vinieron por de Jesucristo

By Hermilo González31 de diciembre de 2023No hay comentarios5 Mins de lectura
Reflexion, evangelio, hoy
Comentario al evangelio de hoy Jueves
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En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»»
Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer (San Juan 1, 1-18).

COMENTARIO

Vemos en este Evangelio de San Lucas 2, 22-38, dos actitudes: la de los padres de Jesús y la de los dos personajes que aparecen después, Simeón y Ana. En primer lugar, la actitud de los padres, que cumplen los rituales y preceptos prescritos por la religión judaica. Nos muestran que eran rigurosos observantes de esta, piadosos practicantes de las normas religiosas… Ellos sabían que después de los siete días del parto señalados para la “purificación” de la madre, a los 33 días siguientes debían acudir al templo y presentar a su hijo primogénito para “rescatarle”. ¿Qué es esto del rescate?

Pues que ante la apostasía de los israelitas cuando lo del becerro de oro, los primogénitos varones de todo viviente, aunque fuera animal o incluso fruto de la tierra tenía que ser ofrecido al Señor y dedicarse a su servicio. Luego, como la tribu de Leví no se sumó a la idolatría del becerro, el Señor decidió que sólo miembros de esa tribu (los levitas) serían sacerdotes- Los demás primogénitos no, pero tendrán que ser presentados al Señor y entregar en el Templo, un cordero o dos tórtolas o palomas si eran pobres, en rescate… Podemos comprender que ni Jesús  tenía obligación de pasar por estos trámites, ni la Virgen de purificarse, pero María y José  prefirieron cumplir la ley establecida por obediencia y la humildad, porque  las circunstancias del nacimiento milagroso de Jesús y su misión debían seguir reducidos a la intimidad familiar ya que todavía “no había llegado  su hora” es decir,  la revelación pública del Plan Salvífico de Dios. (También Jesús se dejaría bautizar por Juan) y cuando este protestó diciendo que es él quien debiera ser bautizado por Jesús, le responde: que debía hacerlo porque » conviene que cumplamos toda justicia» (Mateo 3:15)

En resumen, los padres de Jesús nos dicen que hay que obedecer plenamente la ley de Dios, hay que ser coherentes y hacer las cosas como sea necesario para cumplir nuestras obligaciones de cristianos. No ser a medias, tibios, pura palabrería o mera intención.  

Yendo a los otros dos personajes del texto evangélico tenemos a Simeón, hombre justo y piadoso, que anciano ya, esperaba expectante la prometida llegada del Mesías a su pueblo, e impulsado por el Espíritu Santo fue al Templo, cuando la Sagrada Familia llegaba para cumplir lo mandado por la ley. Entonces él percibió que ese Niño era el propio Mesías, y lleno de alegría y gratitud cogió al niño en sus brazos y levantando exultante los ojos al cielo pronunció aquello de “Ahora, Señor, ya puedes, dejar a tu siervo ir en paz, pues mis ojos han visto al Salvador, luz de las naciones y consuelo de su pueblo”… Habló así porque su deseo se había cumplido, su aspiración satisfecha, su espera premiada… Ya no quería más, no necesitaba más, quien Dios tiene nada le falta.

Esto es lo que nos enseña este pasaje: a tener confianza y esperanza en el amor de Dios aunque se nos haga larga la espera o no comprendamos, a fiarnos de Dios, que no dejará sin contestación nuestro ansia de respuesta.

También la viejecita Ana, con sus 84 años nos da un ejemplo de comportamiento. Servía en el templo todos los días y cuando fueron los padres con el Niño, lo reconoció como el Mesías anunciado, alabó a Dios y habló a todos de él. ¿Qué nos dice? Pues bien, dediquemos más tiempo al servicio del Señor para alabarle, porque también nosotros nos lo encontramos en nuestro vivir, y “hablemos” a los demás de Él, no nos quedemos callados, prediquemos, anunciemos a los demás su presencia ente nosotros, su amor. Seamos más difusores de su mensaje, aconsejemos, y demos testimonio de nuestra fe con la palabra y la actitud.

Así también crecerá en nosotros la sabiduría que da el Espíritu Santo, y la gracia de Dios estará en nosotros. Ese es nuestro camino y nuestra meta…

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