«Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: “He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios”. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo: “Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios”. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía”. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros”» (Lc 22,14-20).
¡Cuánto tiempo viviendo en tu luz, amigo y maestro! Casi dos mil años ya, desde que nos diste, en milagro eterno, tu cuerpo y tu sangre como Nueva Alianza del Reino de Dios, presente en ti mismo y en tu sacramento, y en el Sacerdocio supremo, sin tiempo, que es también el nuestro.
No solo te entregas al Padre, sino que te entregas a todos los hombres en las manos nuestras. Y así lo enseñaste: «Tomad esto… Esto es… esta es… haced esto». Y nosotros repetimos aún cada día tu demostrativo, sobre el pan y el vino, en recuerdo vivo, la anamnesis tuya que nos da el verdadero alimento. No es solo experiencia sobre algo que vendrá —eso será el Reino total de tu Gloria— sino estremecerse con algo presente, que está aquí, sensible a la vista, al tacto, al gusto como pan y vino, que ungido por tu Palabra, se hace y nos hace, en ese momento, el Cristo total, Sacerdocio eterno. Comunión, koinonía, regalo, mandamiento nuevo y, en definitiva, esencia de ti que eres el Pan vivo y la Viña santa, la cosecha nueva y el lagar perfecto.
¿Cómo puede crecer aún la fe de tu trigo en medio de tanta cizaña? ¿Cómo puede tu viña dar uvas, si casi no hay polen ni abejas que lleven su siembra entre tantas plagas? Una sola razón lo sostiene, y es que Tú estás vivo, Sumo Sacerdote, sentado a la diestra de la Majestad del Padre, en los cielos nuevos (Hb 8,1). Lo sabemos en la fuerza y la fe que nos mueve. Nadie hubiese podido sostener dos mil años ese reto contra los sentidos, sin tener en sus manos eternas la esencia y sustancia de todas las cosas, personas y pueblos. Pero Tú las tienes, y por eso eres mediador entre el hombre y el Padre, entre Dios y las gentes de todos los tiempos, y aún más allá, en el Reino eterno.
Deberíamos tener sobre la base eterna de tu Sacerdocio, una forma nueva de hacer del Misterio un lugar alegre, nuevo, de progreso seguro, porque tu Eucaristía siempre será una forma nueva de dejarse hacer por el amor tuyo. ¿Quien se dejaría por un hombre como yo comer en su carne y beber en su sangre derramada y repartida? Es la prueba exacta, perfecta, de que Tú eres Dios, Sumo Sacerdote del eterno Amor, del ardiente Ardor, del deseo súperdeseado (epizumía epezumesa, dice la redundancia del griego lucano). Pero no eres solo el gran Sacerdote por el pan y el vino, que es nuestro alimento, sino porque en ellos, y en el gran misterio de tus sacramentos, te das a ti mismo hasta hacernos tuyos, iguales a ti, sentado en los cielos. Es toda la fuerza que tienes en el Santo Espíritu, con el que creaste todo el universo.
Si las nuevas noticias del cosmos y sus fuerzas terribles para el hombre son esos inmensos agujeros negros que tragan estrellas, galaxias gigantes y toda materia que les caiga dentro. ¿Cómo no proclamamos nosotros esos «agujeros blancos» de la Eucaristía que recrean la fe, como la experiencia más cierta y eterna del hombre? No es un universo paralelo, que nunca se toque con el nuestro. Sino un universo, nuevo sí, pero seccionante, como el signo —siempre nuestro— de la cruz, que provoca a la fe.
Y es que cada palabra del texto de hoy, puede entretenernos otros dos mil años, entre aquí y allá, entre esencias tuyas y sustancias nuestras, hasta que todo sea una sola mesa, con un solo cáliz y una hogaza grande. Y tú presidiendo, con tu Madre y los tuyos comiendo.
¡Yo no me lo pierdo! Aunque sea escondido, como aquel perrillo de la cananea, buscando migajas de luz que dejen caer los hijos del Reino. Allí quiero estar, porque ya no vivo sino para eso.
Manuel Requena

4 comentarios
I like the valuable information you supply for your articles. I will bookmark your blog and check again here frequently. I’m fairly sure I will be told many new stuff proper here! Best of luck for the next!
Peculiar article, exactly what I was looking for.
Howdy, I do think your site may be having web browser compatibility issues. When I take a look at your web site in Safari, it looks fine but when opening in Internet Explorer, it’s got some overlapping issues. I simply wanted to provide you with a quick heads up! Apart from that, fantastic blog!
This is a topic that is close to my heart… Take care! Exactly where are your contact details though?