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Bioética

Iglesia y año de la química

By BuenaNueva4 de junio de 2012Actualizado:4 de noviembre de 2012No hay comentarios9 Mins de lectura
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Sin duda una de las más sonadas transformaciones químicas de la historia fue la conversión de agua en vino en Caná de Galilea. Aquello fue visto por quienes lo contaron y llegó a ser escrito para que constara, como lo fue todo lo importante y extraordinario. No conozco interpretación cientificista del milagro. Supongo que los que  no creen que ocurrió piensan que el relato es una prueba más de la capacidad de invención del ser humano, que le ha llevado a escribir libros como “El Quijote” o “El Señor de los Anillos”. Claro que sus autores -católicos por cierto- no fueron por ello perseguidos o asesinados, como sabemos que sí en cambio lo fueron algunos de los que escribieron los libros de la Escritura.

Sea como fuere, la química está en crisis. No hay vocaciones. Las universidades no saben muy bien qué hacer con esta disciplina que casi nadie quiere estudiar. Instalaciones a la medida del baby boom , bien dotadas…¡y llenas de aire!. Tal vez en parte por este motivo  ha sido declarado por la ONU el 2011, Año de la Química. También ha influido, y no poco, que hace cien años se le concedió a la química Marie Curie su segundo premio Nobel.

El lema de la efeméride -“Química: nuestra vida, nuestro futuro”- tiene una carga de optimismo grande en lo que a vocaciones actuales se refiere. Además es bastante terreno, como no podía ser de otra manera, y es verdad que afirmaciones o eslóganes como todo es química, o el terrible comentario de …se separaron porque ya no había química , distan bastante del  …Yo soy el camino, y la verdad, y la vida…o el…no os angustiéis por vuestra vida,¿ qué comeréis?, ¿qué beberéis?, con qué os vestiréis?.

Por otro lado está la relación que han tenido la Química y la Iglesia Católica a lo largo de la historia de la ciencia. Relación que las posturas laicistas tratan de enterrar, pero del que abunda el material documental del que uno dispone, a poco que le interesen las comprobaciones.

investigación, conocimiento y santidad

Ya en siglo XIII, poco después de que los Papas de la época comenzasen a inaugurar las primeras universidades de occidente, un niño rico alemán con dificultades escolares –típico pijardocabezacuadrada– decidió una noche  abandonar el colegio interno donde estudiaba. Resultó que al niño –lo contaba ya de mayorcito- se le apareció la Virgen y le dijo …¿por qué en vez de huir del colegio, no me rezas a Mí que soy ‘Trono de la Sabiduría?’. Si me tienes fe y confianza, yo te daré una memoria prodigiosa. Y para que sepas que sí fui yo quien te la concedí, cuando ya te vayas a morir, olvidarás todo lo que sabías, que es justo lo que pasó: dejó de acordarse de todo lo aprendido y al poco tiempo murió.

Escribió algunos libros de química, y fue nombrado obispo de la ciudad donde no hace mucho Benedicto XVI pronunció su famosísimo y malentendido discurso, Ratisbona. Es santo, y doctor de la Iglesia, y también patrono de los químicos y, por extensión, de las disciplinas conocidas como ciencias puras (matemáticas, física, química y biología): san Alberto Magno.

Lavoisier

Pero no hay que irse tan atrás para encontrar ejemplos de químicos célebres relacionados con la Iglesia Católica. El francés Antonie Laurent Lavoisier (1743-1794), considerado padre de la química moderna, nació en el seno de una piadosa familia cristiana en la que surgieron varios presbíteros. Entre otras cosas fue quien primero enunció la ley de la conservación de las masas en una reacción química; descubrió y nombró al oxígeno y al hidrógeno; escribió la primera lista de elementos químicos;  contribuyó a la abolición de la teoría del flogisto, que se suponía era un principio inflamable capaz de explicar ciertas propiedades de la materia, y que Lavoiser terminó descubriendo y denominando oxígeno.

Químico católico, contribuyó a base de experimentación a sacar su disciplina de los conceptos alquímicos e irracionales. También participó en la construcción del actual sistema métrico.

Sus estudiosos cuentan cómo en su correspondencia escribía a un conocido …has hecho algo noble al sostener la revelación y la autenticidad de las Sagradas Escrituras (refiriéndose a una diatriba) y es de destacar que estás utilizando contra ellos las mismas armas con las que te atacan. Lavoisier estudió en el Colegio Mazarin de París, fundado por el Cardenal Mazarin, también llamado de las Cuatro Naciones, y perteneciente a la ya entonces famosísima Universidad de París, fundada por el entonces obispo de la ciudad, que albergó a nada menos que la actual Universidad de La Sorbona y las otras trece universidades actuales en las que aquella se divide.

En el  Colegio Mazarin, concretamente en su  facultad de ciencias experimentales, una de las primeras que existió, recibió clase de científicos católicos  como el matemático y astrónomo Abad de la Caille (1713-1762), conocido principalmente por haber catalogado cerca de diez mil estrellas y cuarenta y dos objetos astronómicos,  nombrado catorce constelaciones de un total de ochenta y ocho, y calculado y tabulado una lista de eclipses para mil ochocientos años; o el también católico Bernard de Jussieu (1699-1777), médico y botánico francés que se formó en el colegio de los jesuitas de Lyon, quien fue pionero en la introducción de un sistema vegetal natural dispuesto conforme a las afinidades anatómicas, y en cuyo honor el botánico sueco Linneo, inventor de la nomenclatura binomial vigente en la actualidad, también cristiano ferviente, nombró un género de plantas; o del Abad Condillac, su profesor de lógica, a quien menciona repetidas veces en tono de agradecimiento en su obra fundamental “Traité Elementaire de Chimie”, etc., etc., etc.

Colegio Mazarin

Fundamental colega y colaboradora fue su esposa, Marie-Anne Pierette Paulze (1758-1836), que recopiló tras la temprana muerte del sabio francés todos sus escritos, publicándolos como las Memorias de Química de su esposo, que sentaron las bases de la química moderna.

Lavoisier con su esposa y ayudante Marie-Anne Pierette Paulze (1758-1836).

Tal vez lo más sorprendente y menos conocido de su vida sea precisamente su muerte: acusado por un cabecilla revolucionario de traición a la Revolución Francesa (¡nada menos!), no se sabe si por ser funcionario de la corona o por rencillas personales, y a pesar de la defensa que su propia esposa hizo de él en base a sus estudios y su importancia, fue guillotinado por el gobierno revolucionario el 8 de mayo de 1794 en Paris, cuando tenía 50 años, junto con su padre, al grito de ¡La República no necesita ni científicos ni químicos, el curso de la justicia no puede ser detenido!. Joseph Louis Lagrange, destacado matemático cuyo apellido es bien conocido por todos los matemáticos y físicos, dijo el día siguiente…ha bastado un instante para segar su cabeza; habrán de pasar cien años antes de que nazca otra igual.

hombre de ciencia y de Dios

Otro célebre caso es el del padre de la microbiología, el también químico francés Louis Pasteur (1822-1895), que comenzó estudiando en el vino los cristales que lo enturbian, y terminó descubriendo las bacterias, las levaduras. Elaboró la teoría infecciosa de las enfermedades que dio pie a la erradicación de las mismas, principal causa de la actual longevidad occidental, y también de que la esperanza media de vida en Africa sea poco más de cuarenta años. Desarrolló las primeras vacunas, etc.

Parece que fue su piadosísima mujer la que devolvió la fe a su esposo. Dejó escritas cosas tales como …Mi filosofía sale del corazón y no de la inteligencia; por eso digamos me rindo ante el sentimiento de Eternidad que brota espontáneamente a la cabecera de un hijo querido a punto de exhalar su último suspiro. En esos momentos supremos, en lo profundo de nuestra alma, presentimos que el mundo debe ser algo más que una mera combinación de sucesos debida a un equilibrio mecánico, surgido simplemente del caos de los elementos por una acción gradual de las fuerzas de la materia.

En su discurso de recepción en la Academia de Ciencias de Paris, decía … En cuanto a mí, que juzgo que las palabras progreso e invención son sinónimos, me pregunto en nombre de qué descubrimiento nuevo, filosófico o científico, se puede arrancar al alma humana estas altas preocupaciones (refiriéndose a la existencia de Dios, mencionada líneas atrás en dicho discurso)… Me parecen ser de esencia eterna, porque el misterio que envuelve el universo y del cual éstas emanan es él mismo eterno de naturaleza. Se cuenta que el ilustre físico inglés Faraday, en las lecciones que daba en la Institución real de Londres, nunca pronunciaba el nombre de Dios, aunque sea profundamente religioso. Un día, excepcionalmente, soltó este nombre y se manifestó de repente un movimiento de aprobación simpático. Faraday, percibiéndolo, interrumpió su lección con esas palabras: “acabo de sorprenderos al pronunciar aquí el nombre de Dios. Si nunca me sucedió antes, es que soy un representante de la ciencia experimental en estas lecciones. Pero la noción y el respeto de Dios llegan a mi mente por vías tan seguras como las que nos conducen a verdades de orden físico… El positivismo no peca sólo en un error de método. En la trama de sus propios razonamientos, en apariencia muy rigurosos aparece  una considerable laguna… consiste en que, en esta concepción positivista del mundo, no toma en cuenta la más importante de las nociones positivistas, la del infinito… La grandeza de las acciones humanas se mide con la inspiración que les da a luz. Dichoso el que lleva en sí a un Dios, un ideal de belleza y que le obedece: ideal del Arte, ideal de la ciencia, ideal de la patria, ideal de las virtudes del Evangelio. Son aquí fuentes vivas de grandes pensamientos y de grandes acciones. Todas se aclaran con los reflejos de lo infinito.

En la bóveda de su panteón están escritas algunas de éstas últimas palabras. Su sobrina nieta Maurice Vallery Radot, escribió sobre las creencias de su tío-abuelo en un artículo de prensa y un libro. Comentan que murió con un rosario en las manos

Convertir el agua en vino es algo imposible para la química, porque la química no ha vencido la muerte, tampoco el ser humano que es quien la inventó, pero sí Jesucristo, Señor de la química de la materia por Él creada, Señor de vivos y muertos capaz de sacar hijos de Abraham de las piedras, de dar la fe a los científicos. ¡Resucitó!

Alfonso-V.-Carrascosa buenanueva28
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