En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis» (San Mateo 9, 35-10, 1.5a. 6-8).
COMENTARIO
Algunas profecías mesiánicas son las siguientes:
● El Mesías nacería en Belén (Mi 5:2)
● El Mesías nacería de una virgen (Is 7:14)
● El Mesías tendría autoridad profética solo comparable a la de Moisés (Dt. 18:18-19)
● El Mesías sería luz para los gentiles (Is 49:6-7)
● El Mesías moriría (Sal 22:14.16-18)
● El Mesías montaría en un pollino (Zac 9:9)
● El Mesías sería vendido por 30 piezas de plata (Zac 11:11. 12)
● El Mesías tendría un mensajero que preparara el camino delante de Él. (Ma. 3:1)
● El Mesías haría señales que nos mostrarían que Él está presente (Is 35:4)
De entre todos los atributos asociados al Mesías, el Salvador del pueblo, el que aquí
comentamos es la compasión hacia los hombres que andan como ovejas sin pastor, al albur de
sus propios instintos, buscando la felicidad, la seguridad, sin encontrarlas, buscando la vida a la
que ese hombre cree que llegará por sí mismo.
Por ese hombre doliente, extenuado por la vida, perdido en los vericuetos de la historia, por ese
hombre (que somos tú y yo) Jesús se compadece: “Al ver a las muchedumbres, se compadecía
de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Y entonces, asocia a su misión mesiánica a otros hombres, los apóstoles, piedras sobre las
que edifica su Iglesia y les da autoridad sobre espíritus inmundos y capacidad de sanar toda
dolencia.
Esta incorporación a la misión mesiánica de Jesús nace de una experiencia: lo has recibido
gratis. Has recibido gratis el encuentro con Jesús, su amor, su cercanía, su intimidad. Has
recibido gratis la curación, el perdón de los pecados, la resurrección, la filiación divina… Pero
no porque tú seas ni mejor, ni más guapo, ni preferido… Lo has recibido en función de otros,
porque el Señor ha previsto que sea mediante la mediación de la Iglesia, verdadero
sacramento de salvación, la forma de transmitir su amor a todos los hombres.
Así pues, la misión es abundante. Los trabajadores son pocos. Pero, este no es un proyecto de
poder ni de dominio, no es un proyecto político; se trata de un proyecto de amor, de amor
divino. Oremos al Señor para que en este adviento se derrame una torrentera de gracia y de
vida sobre una humanidad perdida en sus propias contradicciones, sufriendo la dolencia de la
guerra, de la inseguridad, de las catástrofes, signos de su Segunda Venida, y proclamemos con
fuerza vital: ¡Maranatha! ¡Ven, Señor Jesús!
