En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».
Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?».
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (San Marcos 9, 30-37).
COMENTARIO
Buenos días, hermanos en Cristo. En el Evangelio de hoy podemos ver lo siguiente: El Señor Jesucristo quiere instruir a sus discípulos. La prueba que van a sufrir todos ellos es dura y es necesario prevenirles.
Les dice que va a ser entregado en manos de pecadores y que será condenado a muerte y al escucharlo, los discípulos no lo entienden, se asustan y no se atreven a preguntar.
Es posible que los discípulos pensaran ¿cómo dice esto? No es posible que el Mesías que viene a salvar Israel acabe condenado a muerte.
Al llegar a destino, Jesús les pregunta de qué habían hablado por el camino. Ellos habían hablado sobre quién era el más importante, lo cual encaja en su mentalidad del Mesías como rey terrenal. No se atreven a decírselo.
Jesús les enseña que, entre sus seguidores, el más importante debe ser el servidor y el último de todos.
Para que quede totalmente claro, llama a un niño y les dice que el que acoge a un niño le acoge a Él y al que le ha enviado.
A pesar de todos los esfuerzos de Jesús, los discípulos seguirán sin entender y seguirán pensando en un mesías político. El impacto de su Pasión y muerte será tremendo.
¿En qué clase de Mesías creemos nosotros?
Una vez más, os invito a meditar este Evangelio.
Unidos en la oración.
