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Evangelio

EL SEÑOR ME HA QUITADO EL OPROBIO ANTE LA GENTE

By Francisco Javier Alba19 de diciembre de 2023No hay comentarios4 Mins de lectura
Reflexion, evangelio, hoy, Martes
Comentario al evangelio de hoy Martes
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En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel.
Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.
Una vez que Zacarías oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.
Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.
Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, “para convertir los corazones de los padres hacía los hijos”, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».
Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».
Respondiendo el ángel, le dijo: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».
El pueblo, que estaba aguardando a Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.
Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en mi para quitar mi oprobio ante la gente» (San Lucas 1, 5-25).

COMENTARIO

Isabel, mujer de Zacarías, era estéril y además de edad avanzada, por lo que era imposible humanamente que tuviera hijos. Los dos eran justos ante Dios, vivían ajustándose a la voluntad del Señor, pero no podían tener hijos. Lo que era un oprobio ante la gente puesto que para Israel tener hijos era considerado una bendición de Dios, y no tenerlos una maldición, un oprobio.

A este Zacarías se aparece el ángel  del  Señor y le dice: “no temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado”. Lo que quiere decir que Zacarías rogaba al Señor poder tener un hijo. Y el ángel prosiguió: “tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan”. Este ángel es el ángel Gabriel, el mismo que hizo el Anuncio a María. El ángel es el mismo, pero no las respuestas. Zacarías responde: “¿Cómo estaré seguro de esto?”, y pone sus objeciones sensatas y razonables. María, no pidió seguridades, sólo dijo: “hágase”. Sin embargo, el ángel Gabriel le dice que todo se cumplirá en el momento oportuno: Juan nacerá, y hasta que nazca Zacarías permanecerá mudo.

¿Quién no permanecería mudo ante tal anuncio, ante tal buena noticia imposible de realizar para los hombres pero no para Dios? ¿Cuántas veces no nos hemos quedado mudos nosotros ante las maravillas que el Señor se ha empeñado en realizar en nuestra vida? Y luego no hemos podido callar, como Zacarías, para dar testimonio de la misericordia del Señor y hemos dicho a nuestros allegados: “Esto es lo que ha hecho por mí el Señor cuando se ha fijado en mi para quitar mi oprobio ante la gente”.

También un día un ángel vino a nuestra vida, un catequista que nos anunció la buena noticia, y nosotros que íbamos camino de la cárcel, del psiquiátrico, o del cementerio, pudimos gritar de alegría al acoger la buena noticia del Evangelio: el Señor se ha fijado en mí para quitar mi oprobio ante la gente.

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