Una de las razones del Tiempo de Cuaresma es que sirva para la gran preparación para la Pascua, fecha en la que los catecúmenos recibirán el bautismo, y todos los cristianos renovaremos las promesa bautismales.
En la travesía cuaresmal, tiempo con resonancias de la cuarentena de años que tardó el pueblo de Israel en llegar desde Egipto, tierra de esclavitud, al país de la promesa, se nos acompañará con textos bíblicos que hacen explícita referencia al agua como evocación profética del sacramento de iniciación cristiana.
Ya al inicio, se bendecirá la ceniza con agua, lo que nos recuerda nuestro propio origen: estamos hechos del polvo del suelo amasado por las manos artesanas del Creador, como vasos de barro en manos del Alfarero divino.
El paso del Mar Rojo, la roca del desierto, golpeada por Moisés y convertida en manantial, el paso del Río Jordán, la fuente de Eliseo, el oasis de Jericó, la piscina Probática, la piscina de Siloé o el pozo de Jacob en Samaría son figuras que profetizan el agua bautismal, de la que nacemos como hijos de Dios.
Ángel Moreno.

2 comentarios
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