En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: «Chaparrón tenemos», y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: «Va a hacer bochorno», y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo» (San Lucas 12, 54-59).
COMENTARIO
Según san Lucas, nos encontramos camino de Jerusalén. Para llegar allí, debemos estar preparados porque es donde la fe es pasada por el crisol. El evangelista nos decía ayer que Jesús ha venido a prender un “fuego” y que tiene ganas de verlo arder. Este “fuego” nos coloca en contradicción con los demás porque no es de este mundo. Jesús es una novedad y por ser tal fue crucificado. No nos gustan las novedades, despreciamos todo aquello que sale de nuestra “cuadrícula” mental, nos molesta. En el evangelio que la Iglesia hoy nos propone nos encontramos con un texto con dos partes que parecen, en un principio, no tener nada en común, pero algunos exégetas han encontrado un mensaje que a mí personalmente me ayuda. Seguramente sabéis que los evangelios de Mateo y Lucas tienen como fuente el evangelio de Marcos más otra fuente conocida como fuente “Q” (es el criterio que más adeptos tiene). Por ello, este texto no aparece en Marcos y Mateo los utiliza por separado en momentos y contextos diferentes. José Luis Sicre, en su obra “el evangelio de Lucas” dice al respecto: “En Q aparecían supuestamente juntos y Lucas los ha mantenido así, especificando que se dirigen a toda la gente, no solo a los discípulos, introduciendo bastantes cambios en el primero y dando un enfoque particular al conjunto”. Esto implica que mientras que, en Mateo, al dividir el texto le imprime un carácter más normativo, mientras que aquí adquiere un tinte escatológico y espiritual. Según Sicre en la primera parte del evangelio la palabra clave es “momento” -aquí traducido como “tiempo presente”-. ¿Qué quiere expresar el evangelista con esta pregunta? ¿Qué no son (no somos) capaces de interpretar? En definitiva, la duda -comenta Sicre- viene por sí los que no saben (sabemos) interpretar es lo que acontece en la actualidad o lo que este “tiempo presente” producirá en el futuro (como ocurre con los signos de la naturaleza). Para ayudarnos a entender este pasaje, Sicre, nos aconseja acudir al “evangelio copto de Tomás” que dice: «Examináis el aspecto del cielo y de la tierra, y al que tenéis ante vosotros no lo habéis conocido, y no sabéis examinar este momento» (n.º 91). Aquí se pone de manifiesto que lo que no saben interpretar es a Jesús, su forma de actuar: viene a encender un fuego y es sujeto de división. Estamos en el tiempo de Jesucristo y el Señor nos pregunta ¿quién dices que soy yo? ¿qué significó para ti? ¿te escandalizan mis palabras, mi forma de amar? ¿vuelves el rostro al verme injustamente destrozado en la cruz? Dios ha hablado de forma definitiva en su hijo, este “tiempo presente” es el tiempo del kairós de Dios. Bien, pues siguiendo esta línea hermenéutica, en la segunda parte del texto se nos es contestada la segunda pregunta: “¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?” Para saber a qué se refiere Lucas con “lo justo en el momento presente”, Sicre nos invita a avanzar en el texto hasta la parte del “conflicto”. Este conflicto es lo primero y es lo que provoca el “ponerse en camino” en busca de un juez que haga justicia. Por lo tanto, para entender esta segunda parte de la palabra debemos saber quién es el adversario, quién el juez y cuál es el pleito. Mientas que en Mateo y en San Pablo vemos una respuesta similar a la que encontramos en el evangelio de hoy, pero en el ámbito de lo moral; Sicre ve en el evangelio de Lucas una intencionalidad que trasciende lo moral y dice: “Sin embargo, el contexto en el que Lucas sitúa este dicho no parece el de la vida diaria, sino el del momento final. Antes ha hecho referencia al reinado de Dios (12,32); ha hablado diversas veces de «la venida de un señor», con clara referencia a él mismo (12,36.37.38), de «la venida del Hijo del hombre» (12,40), de su aparente retraso (12,45), de un mundo en llamas (12,49), dividido (12,51-53), como preludio a la instalación del mundo futuro”. Es, por tanto, una llamada a la conversión, a la reconciliación, a no esperar al último momento. Entonces, ¿quién es el adversario? El enemigo no puede ser el demonio, como dice Pedro en su primera carta; con un “león rugiente” no hay relación posible. ¿No será -como plantea Sicre- un intercesor (que vemos tantas veces como adversario) en lugar de un enemigo? San Pablo exhorta a los cristianos de Corinto: “reconciliaos con Dios” (2Cor 5,20). Del mismo modo el que luchaba con Jacob en medio de su “tiempo presente” no era su adversario, sino que era el mismo Señor. Que esta palabra nos ayude a reconocer que estamos en camino en busca de la Jerusalén celeste; que la noche está avanzada, que es Dios el que tantas veces acontece en favor nuestro porque el juicio ha sido realizado de forma definitiva en Cristo; además no debemos olvidar que: “al atardecer de la vida nos examinarán del amor”.

3 comentarios
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