Los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?”. Jesús les dijo: “¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?” Llegará un día en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán”. (Mt 9, 14-15)
Estamos en la parte lll del Evangelio de Mateo. Y en esta parte se narran innumerables episodios milagrosos. Si en la parte l Mateo nos inicia con el Nacimiento e infancia de Jesús, y en la parte ll se inicia con “la promulgación del Reino de Dios” y su capítulo principal que son “las Bienaventuranzas”, en éste caminamos hacia “la predicación del Reino de los Cielos”. Cristo tiene que ir introduciendo la “Buena Noticia”, “el Evangelio”, poco a poco en la mente “ignorante y necia” de los fariseos y publicanos, al igual que al resto de sus iniciales discípulos. Aún acaba de llamar a Mateo, e iniciada la comida de fiesta que éste le da, cuando ya los fariseos comentan esta disposición de Jesús de comer con pecadores.
Ya estaba profetizada esta conducta que no sólo es del pueblo de Israel, sino que es actual en el mundo de hoy de “desconocer e ignorar” los caminos de Dios.
Dice el Salmo 91: “… ¡Qué admirables son tus designios, Señor, qué hondos tus pensamientos! El ignorante no los entiende ni el necio se da cuenta…”
Ignorante como desconocedor culpable de los designios divinos, y el necio como opuesto a la Sabiduría de Dios.
Y no sólo los fariseos, sino incluso los discípulos de Juan se mantienen en la reserva de este profeta que intuyen como enviado de Dios, pero dudan de la realidad del Mesías.
Y Jesucristo se presenta como “el novio” en el “banquete de bodas del Reino”, y sus compañeros –discípulos -, como “pajes de honor”, según la interpretación de la Biblia de Jerusalén, anunciando los nuevos tiempos mesiánicos, ese Cielo nueva y esa Tierra nueva (Ap 21,1), anunciada mucho después en el libro del Apocalipsis escrito por Juan, e igualmente anunciada por Pedro: “…Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia…” (2 P. 3,13)
Jesucristo aprovecha la ocasión para iniciar sus catequesis sobre su muerte: “… Llegará un día en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán”. Y es que el Esposo, Jesucristo, es arrebatado de nosotros, nos es quitado violentamente, que es como actúa el pecado; serán entonces días sin consuelo, de luto, por el Amor perdido
Pero el pueblo, “necio e ignorante”, como nosotros, no quiso entender.
Solamente cuando el Señor abre sus mentes con la Efusión del Espíritu Santo, es cuando recordarán todo lo que él hizo y habló. Así lo cuenta Juan (14,26):
“…Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que yo he dicho…”
Alabado sea Jesucristo

4 comentarios
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