En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».
Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla (San Marcos 8, 11-13).
COMENTARIO
Buenos días, hermanos en Cristo.
En el Evangelio de hoy podemos ver lo siguiente: Una vez más, los fariseos discuten con Jesús y le piden un signo.
No les bastan los signos que ya han visto.
Jesús propone la Palabra de Dios con autoridad, las multitudes lo siguen, multiplica los panes y los peces, el viento y el mar lo obedecen, curas enfermos, expulsa espíritus malignos, resucita muertos… A los fariseos no les basta con todo esto. Piden un signo más porque quieren ponerlo a prueba. Un signo especial para ellos.
Jesús se niega porque no hace signos o milagros a petición. Se niega y se va a la otra orilla.
En nuestro caso, si estamos atentos, veremos la presencia de Dios en nuestra vida, veremos signos. Sobre todo, cuando repasamos hechos pasados.
Es muy frecuente, cuando vienen las dificultades, olvidar la presencia de Dios en nuestro pasado y reclamar nuevos signos para no perder la fe. Lo mismo le ocurrió al pueblo de Israel cuando salió de Egipto. Vieron muchos signos, las plagas de Egipto, el paso del mar Rojo y muchos otros, pero cuando llegaba la siguiente dificultad olvidaban los prodigios anteriores.
¿Nos ocurre igual a nosotros?
Una vez más, os invito a meditar las enseñanzas de este Evangelio.
Unidos en la oración. Santa cuaresma.
