En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre. Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás.
Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.
Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán».
Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?».
Él les dijo: «Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres» (San Lucas 17, 26-37).
COMENTARIO
El mes de noviembre nos acerca a la vida eterna, a querer y saber luchar con la ayuda de Dios para que esa eternidad, en tu vida y en la mía se cumpla en el cielo.
En los versículos anteriores al pasaje que vamos a comentar, Jesús habla a los fariseos y sigue después dando el discurso a los discípulos. Ambos son especialmente reveladores de la doctrina de Jesús sobre la llegada del Reino de Dios. En ambos casos afirma que no podrá anunciarse con un “mirad, está aquí o allí”. A los fariseos les dice que el Reino ya ha llegado y no lo entienden porque querían un reino de poder externo, ambicioso.
Realmente, como se muestra en lo que señala a los discípulos, sí que hay un poder, pero mucho más entrañable y sencillo y generoso; es el poder de hacer milagros, curaciones, etc. tal como se recoge en los Hechos de os Apóstoles. Este Evangelio es fuerte, en definitiva lo que dice Jesús y es para nuestro bien, es estar vigilantes, no dormirnos en los laureles.
Recuerdo en un camino romano una imagen de Santa María que tenía escrita la siguiente leyenda: “Mi corazón vigila”. Aprendamos de María a saber estar en lo que vale la pena; es decir, no desviarnos del camino que nos conduce al cielo. No permitir que nuestra flaqueza entorpezca la gran misericordia de Dios en nuestra vida.
