En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros».
Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro» (San Marcos 9, 38-40).
COMENTARIO
Varias veces, el papa Francisco ha insistido en esta apertura hacia los otros grupos religiosos que, actúan con distinto propósito y carisma provocando críticas. Incluso el Ecumenismo, nos lleva al reconocimiento de los valores cristianos, que podemos hallar en determinadas actuaciones de los creyentes de otras religiones.
Juan demostraba aquí las tendencias totalitarias del que se siente cercano al poder y quiere imponer su ideología, métodos y costumbres. Aún está confundiendo a Jesús con el Mesías político, militar y religioso que los judíos esperaban. Y parece que no es solo la crítica, además pretendían impedírselo atribuyéndose una exclusividad compartida con Jesús.
Romero Mensaque OP Dice en su comentario a este pasaje de Marcos: “Debemos ser humildes y reconocer que no tenemos el monopolio del reino de Dios. Tampoco de las buenas obras, del trabajo abnegado y desinteresado por los demás, la lucha contra las esclavitudes que siguen haciendo sufrir a los hombres. En vez de censurarles deberíamos invitarles a que colaboren con nosotros”.
Cuando en Mateo 25 Jesús les dice a los escogidos, que se salvan porque: “Tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed…” Ellos le preguntan ¿Cuándo te vimos hambriento, enfermo o desnudo?” Parece que Jesús quiere señalar que no eran cercanos a él, pero su caridad con el hermano actuó como gracia ‘suficiente para ser salvados’. En su respuesta Jesús les afea su postura a Juan y los otros discípulos, y lo argumenta: “Quien hace un milagro en mi nombre no puede después hablar mal de mi”. El que no está contra nosotros está a favor nuestro”
Se puede remachar diciendo que los milagros solo los hace Dios, así que para hacer un milagro necesita la gracia del Señor, luego el Señor está con él.
Pienso que este era el principal propósito que tuvo San Juan XXlll en el Concilio Vaticano ll al abrir la iglesia al mundo, porque en el mundo hay bondad y Amor desperdigados, reconozcamos que “eso” es la presencia del Reino donde el espíritu de Dios ha querido soplar.
Y así se abandonó el viejo anatema de “Fuera de la Iglesia no hay salvación,” que tan mal nos suena hoy.
