Dijo Jesús a sus discípulos una parábola: “Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan botes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (San Lucas 21, 29-33).
COMENTARIO
¿Cuándo llegará el reino de Dios? ¿Llegará o no llegará? Para los impíos no llegará jamás, para los hombres de fe llegará ciertamente. Esta es nuestra esperanza.
Para los santos, para los pequeños, para los humildes, para los que son como niños, el reino de Dios llega cada día, cada mañana, cada noche, en cada momento en que se encuentran en la presencia de Dios, abiertos a hacer su voluntad, dispuestos a poner en práctica su Palabra.
Para los santos, para los limpios de corazón, los bienaventurados que verán a Dios, el reino de Dios está cerca. En ellos se cumple este Evangelio: En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.
El reino de Dios viene a nosotros en cada acontecimiento de la vida, sobre todo en aquellos que nosotros no buscamos ni deseamos, en los que dependen exclusivamente de la voluntad de Dios, de la providencia del Padre. En la cruz de nuestra vida, en la que no estamos solos, porque estamos con Cristo. En la enfermedad, en la soledad, en la vejez, y sobre todo e inexorablemente, en la muerte.
Nosotros los cristianos que rezamos cada día que María interceda por nosotros: ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén. Porque la Iglesia nos ha enseñado que estas son las dos horas más importantes de nuestra vida, en la que nos jugamos todo: ahora y la hora de nuestra muerte. En ambas el reino de Dios está cerca: mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno me abre, entraré y cenaré con él. Porque el reino de Dios es Jesucristo que está vivo y quiere ser uno contigo y conmigo. Siempre sin violentarnos, siempre en nuestra libertad.
