A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.
A los ocho días, vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo: “¡No, se va a llamar Juan!”.
Y le dijeron: “Ninguno de tus parientes se llama así”.
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Y todos se quedaron maravillados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: “Pues ¿qué será este niño?”.
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel (San Lucas 1, 57-66.80).
COMENTARIO
Hoy se celebra el nacimiento de San Juan Bautista y el 29 de agosto, se celebra su muerte; es el único santo del que se celebran las dos cosas, igual que de Jesús y de la Virgen. Dentro de seis meses celebramos el nacimiento de Jesús, que nació seis meses después (Lc 1, 36a). Esta fiesta, además tiene una misa de víspera desde el siglo VI.
Cuando a Zacarías se le anuncia lo imposible: su próxima paternidad, no se lo cree. Puede ser que tú seas muy religioso y practicante, como lo era él, pero también puede ser que, aún así, desconfíes del poder de Dios. ¡Tantas veces pidiéndole milagros y no te los concedió!, hasta el punto, que has dejado la oración, te parece ineficaz; y sin darte cuenta te vas aislando, dejas de sentir la llamada del Espíritu, te vuelves sordo y mudo ante el Señor. Vives incomunicado, dejas de ver las maravillas que hace Dios en tu vida.
Para sus vecinos a Zacarías le había acontecido una gran desgracia repentina, una enfermedad tremendamente invalidante, y más en aquella época. No es de extrañar que se quedaran maravillados cuando ambos padres querían poner a su hijo el nombre de Juan, que literalmente significa: “Dios es misericordia”.
Por eso cuando Zacarías afirma categóricamente que Juan es su nombre, está diciendo algo mucho más profundo, está reconociendo la misericordia de Dios aún en su situación de miseria en la que ya no era válido para trabajar, y esto maravillaba a sus vecinos. Por fin quedaron sobrecogidos al ver su curación inmediata cuando manifestó la bondad y el amor de Dios reconociendo por fin en Juan, que Dios hace cosas imposibles para el hombre.
Al proclamar el nombre de Juan y por tanto reconocer que Dios es misericordia, Zacarías sale de su mutismo, de su aislamiento, y su vida, como pueda ser la tuya o la mía, se convierte en una bendición. “Juan es su nombre”, es lo mismo que decir: Dios es misericordia.
Todo un testimonio para sus contemporáneos, y toda una invitación a que hagamos lo mismo en nuestra vida.

1 comentario
whoah this weblog is fantastic i really like reading your articles. Keep up the great work! You know, lots of persons are hunting around for this info, you can help them greatly.